Japón ante el reto del Fénix

El cataclismo que sufrió Japón el viernes 11 de marzo corriente, como consecuencia del descomunal terremoto y el devastador tsunami que le siguió, ha conmovido al mundo entero. Primero por la magnitud del desastre que en la época actual nunca se había visto, y además porque el pueblo japonés ha sido un generoso cooperante con todos los países de la Tierra que necesitan ayuda.

Por cierto que ahora es lógico pensar que es muy probable que Japón reduzca su cooperación externa, inclusive que se termine en algunos casos, al menos por algún tiempo que no es posible determinar. Cabe recordar al respecto que el 10 de septiembre del año pasado, el anterior Embajador de Japón, señor Shinichi Saito, expresó en el discurso que pronunció con motivo de concluir su misión diplomática en Nicaragua y agradecer la condecoración que le otorgó la Cancillería nicaragüense, que “actualmente Japón está brindando asistencia a más de 150 países y regiones del mundo, por lo tanto, se hacen más limitados los recursos que se destinan a cada país”. Y agregó el Embajador Saito: “Bajo esta situación, todos los miembros de nuestra Embajada están trabajando activamente para mantener por lo menos el mismo nivel y volumen de nuestra ayuda (a Nicaragua). Por la misma razón, quisiéramos solicitar una mayor comprensión económica de parte del pueblo y Gobierno de Nicaragua”.

De manera que si ya antes del terremoto y del tsunami de la semana pasada Japón estaba considerando reducir su cuantiosa cooperación externa repartida a 150 países de todo el planeta, debido a sus complicaciones económicas internas, es fácil entender que con mayor razón ahora se verá obligado a hacerlo. Pero esto no puede disminuir la gratitud al pueblo y gobierno de Japón por la ayuda generosa que han prodigado, ni la solidaridad ante la gran desgracia que están sufriendo actualmente.

Ahora bien, ante las enormes consecuencias del doble cataclismo del viernes pasado el primer ministro de Japón, señor Naoto Kan, reconoció que este es el mayor desastre que ha sufrido el país desde la Segunda Guerra Mundial, pero al mismo tiempo el gobernante japonés expresó su convicción, de que “no será fácil, pero superaremos esta crisis, como lo hemos hecho en el pasado”.

En realidad, aunque los daños materiales sufridos por Japón son todavía incalculables y las pérdidas de vidas humanas tan numerosas como irreparables, y está pendiente todavía la amenaza de una adicional catástrofe nuclear, no es la primera vez en su milenaria historia que el pueblo japonés se ve abatido por una gran tragedia. Sin embargo siempre ha renacido de las cenizas de la destrucción, para reconstruirse y seguir creciendo y prosperando.

Todavía es temprano para cuantificar el costo definitivo de las pérdidas materiales causadas por el terremoto y, más que todo, por el tsunami. Además, en este momento lo prioritario es la ingente labor de rescate que, con sus propios medios y la colaboración internacional, están realizando las autoridades japonesas para salvar la mayor cantidad de vidas humanas que sea posible. No obstante, por la poderosa base material, tecnológica y económica de Japón, y sobre todo por la calidad de sus recursos humanos que es insuperable, estamos seguros de que el pueblo japonés, como lo ha señalado el primer ministro Kan, volverá a renacer basado en su admirable y probada capacidad de recuperación.

Se sabe que la economía de Japón no ha andado bien y que su deuda pública asciende a más del 200 por ciento del Producto Interno Bruto. Pero el país tiene recursos y ánimo suficientes para levantarse. Ayer mismo, el Banco Central inyectó 146,000 millones de dólares para evitar el colapso de la Bolsa de Valores de Tokio. Japón no es Haití, que más de un año después del devastador terremoto del 12 de enero de 2010, todavía está esperando que el mundo lo saque de la postración. Como se dijo este lunes en las páginas de The Wall Street Journal Americas que son reproducidas en Nicaragua por LA PRENSA, “la historia de los países desarrollados que se recuperan, dolorosamente, de grandes desastres, es alentadora. La capacidad de resistencia de Japón tras el terremoto de 1995 en Kobe es el ejemplo más obvio”.

Al ejemplo de Kobe se debe agregar la recuperación después de la devastadora destrucción que causaron las bombas atómicas arrojadas por Estados Unidos, en agosto de 1945, contra las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki, que hoy son florecientes ciudades renacidas de sus cenizas igual que el Ave Fénix de la mitología universal.

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