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Agricultores enfrentan desafíos tras tsunami en Japón

Los arrozales a las afueras de esta ciudad, devastada por un tsunami, se han convertido en un lodazal negro y salobre. Automóviles destruidos y árboles arrancados de raíz están esparcidos por doquier.

Por Jay Alabaster

SENDAI, Japón/AP

Los arrozales a las afueras de esta ciudad, devastada por un tsunami, se han convertido en un lodazal negro y salobre. Automóviles destruidos y árboles arrancados de raíz están esparcidos por doquier.

Con su casa destruida, el agricultor Shinichi Shibasaki vive encima de una lona azul, colocada sobre en el piso superior de lo que era la oficina de una cooperativa de productores. Otros como él se refugian también ahí.

Shibasaki tiene sólo una muda de ropa, toda sucia. Pero sólo piensa en volver a trabajar.

«Si comenzamos a limpiar los terrenos, podemos empezar a cultivar nuestros granos de arroz a finales de abril en un lugar distinto, y plantarlos aquí un mes después», dijo el agricultor de 59 años.

Ese cálculo podría resultar demasiado optimista, pero los expertos en agricultura —lo mismo que los granjeros indonesios afectados por otro tsunami en el 2004— consideran que es posible una recuperación rápida, quizás en un año. Un factor clave será el tiempo que lleve el retiro de la sal de los campos, algunos todavía anegados con aguas negras.

Cuando llegue, el regreso del verdor brillante de tallos de arroz, mecidos por la brisa, será un símbolo de renacimiento. La zona afectada representaría sólo una pequeña parte de la producción total en Japón, pero el arroz tiene un efecto espiritual en este país. Es el alma de Japón, pese a la fascinación moderna por la alta tecnología.

En nombre de preservar la tradición, los productores de arroz en el país, en su mayoría de pequeña escala, están protegidos contra la competencia de las importaciones de granos más baratos. El emperador planta y cosecha simbólicamente tallos de arroz cada año, y algunos habitantes de la ciudad alquilan pequeñas parcelas para cultivar el cereal en los límites de la ciudad.

La mitología del país es pródiga en referencias al arroz, y el caracter escrito para referirse a un arrozal forma parte de muchos apellidos.

En la pequeña población de Natori, Akemi Miura sólo acierta a reír cuando mira la tierra que rodea su casa. Su familia trabajó esos campos durante más de un siglo. Pero la mujer de 46 años señala que volverá a sembrar, si bien está consciente de que el suelo tardará varios años para recuperarse.

Una lancha pesquera, arrastrada kilómetro y medio tierra adentro por la ola gigante se estrelló en su invernadero de claveles y se incendió. Los campos están cubiertos por escombros y por una capa espesa y pegajosa de fango.

«Creo que no volveré a cultivar claveles, pero siempre volveremos a sembrar arroz», dijo.

No hay todavía estimados oficiales sobre cuántas tierras agrícolas fueron afectadas.

The Associated Press hizo un cálculo somero con base en las cosechas del año pasado en la región afectada por el tsunami. Ese ejercicio indica que cuando mucho el 8% de los 1,6 millones de hectáreas de arrozales ha sido dañado, lo que afectaría alrededor del 4% de la producción total.

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