Marvin Saballos Ramírez

80 años del terremoto de Managua en 1931

Este 31 de marzo se cumplieron 80 años de la fecha cuando ocurrió el terremoto que destruyó el centro de Managua en 1931.

Las estadísticas demográficas indican que solamente el uno por ciento de la población nicaragüense es mayor de 80 años, lo que significa que quedarán muy pocos sobrevivientes de aquella tragedia, sin embargo parece imperativo conmemorar la fecha para contribuir a no perder la memoria del suceso y las lecciones que nos legó.

El siglo XX dejó de recuerdos dos destrucciones del centro de la capital, la mencionada del Martes Santo, 31 de marzo de 1931, y la del 23 de diciembre de 1972, víspera de Navidad. ¿Estamos preparados personal y socialmente para que en el siglo XXI no se repitan esos dolorosos hechos?

Para no verlo como una simple fecha histórica, quizá es bueno dimensionar el impacto humano y aun, darle nombre y apellido a quienes vivieron ese trance:

El sismo ocurrió a las 10:22 de la mañana, los mercados estaban atestados de familias y compradores que se aprovisionaban para los días de abstinencia y suspensión total de actividades que se observaban en los “días grandes de Semana Santa”, Jueves Santo a Domingo de Gloria.

A la caída de los edificios de taquezal, siguió un gran incendio originado en los mercados, centenares quedaron aplastados o entrampados, muchos murieron quemados, se dice que los Marines de las tropas de ocupación, ante la imposibilidad de rescatar a algunos entrampados en los escombros, les dispararon para acortar sus agonías y evitar murieran quemados.

Las víctimas del terremoto fueron entre mil y dos mil, centenares de ellas fueron enterradas en fosa común que se abrió en el cementerio.

Las crónicas dan algunos nombres de las víctimas:

Br. Gilberto Saballos, subsecretario (viceministro) de Instrucción Pública, muerto al caerle una pared del baño de su casa.

Señorita María Huezo, muerta al intentar salir de su casa.

Circulando en su vehículo sobre el cual cayeron escombros, murieron la esposa, Lea y el hijo Luois del teniente Rossich del Cuerpo de Infantería de Marina de los EE. UU.

También fallecieron el Mayor doctor Hugo Baske y el teniente Jaime F. Diekey, igualmente miembros de las fuerzas de intervención que para la fecha ocupaban el país.

En la Penitenciaría Nacional murió gran cantidad de reos y soldados, con todo se presentaron casos increíbles como el del obrero que se encontraba cavando un profundo pozo de 30 varas y pasó el sismo en el fondo, sin que le ocurriera nada.

“El dedo de Dios está aquí”, predicó el Obispo de Granada, Canuto Reyes y Balladares, señalando que la destrucción de Managua era un castigo porque la ciudad había caído en la inmoralidad, en tanto el Obispo de Managua, Monseñor Lezcano y su clero se dedicaron a socorrer a las víctimas, ganándose su devoción y agradecimiento.

Se dice que la diatriba del Obispo granadino obedecía a un plan para trasladar la capital a Granada; intento hubo también de llevar la capital a Masaya.

¿Es castigo de Dios, furia de la naturaleza o imprevisión de quienes vivimos en este fecundo pero riesgoso suelo?

El terremoto de 1931 tuvo una magnitud de 5.8, el de 1972 fue de 6.2. Internacionalmente se consideran sismos destructores aquellos de magnitud mayor a 7. ¿Entonces por qué el centro de nuestra capital ha sido repetidamente destruido?

Refieren los técnicos en la materia que las fallas que los originan son de poca profundidad y se encuentran propiamente bajo de la ciudad, lo cual los hace especialmente peligrosos, pero que el principal riesgo no es vivir en una zona sísmica, sino que aparentemente la mayoría no aprendemos la lección y no nos preparamos para convivir con estas amenazas, y en esto parece que pecamos todos: particulares, empresarios y gobiernos. Un pecado de nuestra sociedad.

¿Conoce usted cómo fue construida la casa en que vive? ¿Cuáles son los sitios seguros de su vivienda? ¿Cada miembro de su familia sabe qué hacer en caso de terremoto?

¿Está claro que vivirá más tranquilo y seguro si está preparado para mitigar los daños del inevitable próximo terremoto?

Podemos hacer ciudades bonitas, seguras y perdurables. ¿Por qué no lo hacemos?

Necesitamos una cultura de prevención.

El autor es sicólogo social.
tataguegue@yahoo.com

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