Alejandro A. Tagliavini

Ni guerra ni “pacifismo”, paz y progreso

Los “pacifistas”, como los partidarios de la guerra, creen en la violencia. Por caso, los que se oponían a la guerra en Vietnam, en parte, eran digitados por la URSS cuya “no violencia” era el sometimiento, “en paz”, a su poder militar y policial y era parte de la guerra fría resultado de la Segunda Guerra Mundial (SGM) de la que, el derechista Charlton Heston se lamentaba porque no fue el fin de las contiendas, ni de los imperios del mal sino, por el contrario, el fortalecimiento del peor: la URSS, que finalmente cayó sin guerras ni violencia.

De familia con muchos militares, y queriendo creer que existían guerras nobles y libertarias, me sorprendió encontrar que la SGM no fue el fin sino el comienzo del imperio del mal. Más sorprendido quedé por los datos históricos científicos que mostraban que las guerras, todas, habían empeorado las cosas (la SGM provocó más muertes, más de 60 millones de personas, que las que hubiera logrado Hitler antes de caer).

Hoy sabemos que la violencia “no existe” (ya lo decía la metafísica aristotélico tomista), en consecuencia, nunca puede resultar eficiente, nunca puede, lo que “no existe”, obtener un resultado. Así, además de los datos empíricos mostrando que los conflictos son contraproducentes, el avance científico ha logrado claros argumentos dejando anticuada, primitiva, la idea de que “la violencia puede traer paz”. Aristóteles ya decía que la violencia contradice (“no existe”), destruye, el orden del cosmos de modo que es imposible que sea eficiente en ningún caso. Durante el siglo XX, la Escuela Austríaca de Economía hizo excelentes aportes a la ciencia, luego extendidos al comportamiento social general.

Por caso, la inflación no se soluciona reprimiendo precios: los problemas no se solucionan reprimiendo efectos. Tampoco, la inflación (la oferta de dinero por sobre la demanda del mercado), se soluciona eliminando al funcionario que decide la emisión ni a su estructura: los problemas no se solucionan atacando a la cabeza que provoca la circunstancia, ni a su estructura.

La inflación se soluciona desarmando los esquemas coactivos (precisamente, emanados del monopolio de la violencia estatal) que impiden que el mercado, de manera “automática”, corrija los atisbos de inflación: los problemas sociales se solucionan desarmando los esquemas coactivos (emanados de la violencia estatal) que impiden que la sociedad, de manera “automática”, corrija los atisbos de conflictos ya que la sociedad, dentro del ordenamiento natural del cosmos es un organismo de cooperación pacífica y voluntaria en pos del progreso.

Otro punto, para discutir en otra oportunidad, es que hoy sabemos que no es cierto que la autoridad deba ser coactiva para ser tal. Al contrario, la coacción destruye y la verdadera autoridad debe ser moral, es decir, un liderazgo pacífico y voluntario, natural en la sociedad. En cierta medida, el Mahatma Gandhi independizó a la India de esta manera. Hoy Wikipedia, la enciclopedia más leída de la historia, no tiene “autoridad” coactiva y está escrita por millones de personas que se coordinan y ordenan espontáneamente y, lejos de reprimir los errores, es libre al punto que estos son “automáticamente” corregidos por la sociedad.

Así, en el mundo árabe, corresponde condenar la violencia de los dictadores, la de los que se rebelan de manera no pacífica y la de los aliados que han agregado más homicidios y más caos.

El autor es miembro del Consejo Asesor del

Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: