Acecho policial a Rejudin

“La verdad es que ahora me siento más seguro en la calle”, comenta de forma irónica Jairo Contreras, luego que suelta una carcajada estridente. No es para menos, la Policía Nacional los vigila bajo el pretexto de brindarles seguridad.

Byron Torres y Marvin Parrales denunciaron el acoso que viven de parte de la Policía. LA PRENSA/M. ESQUIVEL

“La verdad es que ahora me siento más seguro en la calle”, comenta de forma irónica Jairo Contreras, luego que suelta una carcajada estridente. No es para menos, la Policía Nacional los vigila bajo el pretexto de brindarles seguridad.

El problema, señala el miembro de la Resistencia Juvenil por la Dignidad (Rejudin), es que esa protección se ha vuelto un acoso policial, ya que los siguen desde que salen de sus casas.

Byron Torres, también de Rejudin, comenta que esa “protección policial” inició el pasado 16 de febrero, cuando fueron a la Corte Suprema de Justicia (CSJ) a lanzar huevos por el fallo espurio que emitió el tribunal de justicia a favor de la reelección del presidente Daniel Ortega.

Torres recuerda que luego de esa protesta un policía llegó a las oficinas de Rejudin y le preguntó al dueño del local “cuántas personas había en esa oficina, de dónde eran, a qué hora llegaban, quiénes visitaban ese lugar y qué hacíamos”.

Además le dijeron a las personas que les alquilan el local “que no se asustaran si veían una patrulla policial, porque lo que estaban haciendo era dándoles seguridad personal a los miembros de Rejudin”. Desde entonces, señala Torres, la persecución ha sido constante.

Contreras agrega que a todo momento pasan patrullas frente a las oficinas, e incluso algunos se ponen a tomar licor y con sus armas en una pulpería que queda frente a las instalaciones de Rejudin.

 Jairo Contreras.
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“La Policía hace turnos para seguirnos. Nos vigilan desde que salimos de la casa, qué hacemos durante el día, a dónde nos movilizamos e incluso patrullan cerca de nuestras casas. Hay momentos que nos acostumbramos a esa persecución, no nos dicen nada, pero sabemos que nos siguen”, dijo Torres.

SU DELITO: DENUNCIAR LA CORRUPCIÓN

Marvin Parrales, miembro del movimiento Pedro Joaquín Chamorro, comenta que la vigilancia policial comenzó cuando él denunció los delitos de corrupción del exalcalde de Tipitapa, Norma Córdoba.

“Desde 2007, cuando denuncié a Córdoba, la Policía comienza a hostigarme, al punto de cerrar un negocio que tenía en el parque central de Tipitapa. Ahora que nos hemos juntado con Rejudin el acoso policial es más constante”, narra Parrales.

Agregó que, al igual que a los miembros de Rejudin, lo vigilan policías en moto y le han advertido que si viola la ley va directo a la cárcel Modelo.

Parrales afirma que cuando ellos salen a protestar los mismos policías los amenazan, pues les dicen que ya saben dónde viven.

POLICÍAS CPC

“Lamentablemente la Policía no está actuando profesionalmente, lo hacen como CPC (Concejos del Poder Ciudadano). Lo que hacen es una actividad partidaria, nada que ver con la de hace años, pues incluso trabajé de la mano con esa institución en el programa de prevención del delito en la comunidad de Tipitapa”, expresó Parrales.

Agregó que desde que asumió el Gobierno el presidente Daniel Ortega las relaciones con organismos de la sociedad civil han quedado en cero, pues estos han sido sustituidos por sus partidarios de Gobierno.

Para Parrales la intención de la Policía es “bajarles el gas”, es decir desarticular la organización juvenil, pero advirtió que ellos están dispuestos a seguir defendiendo la Constitución, aunque eso signifique ir presos a la Modelo.

“El Gobierno debe estar claro de que nuestra conciencia no se compra con un gallina, un pollito o un chanchito, ni un préstamo de cinco mil pesos, ya que eso no resuelve a la población, eso no es más que un método para captar votos para las elecciones y mientras tanto seguimos miserables”, sostuvo el miembro del movimiento Pedro Joaquín Chamorro.

LOS BAJAN DE LOS BUSES

Los miembros de Rejudin afirman que, a pesar de sentirse presionados por la Policía e incluso por los CPC y militantes del orteguismo, ellos mantendrán su lucha en las calles.

 David Campos.
LA PRENSA/M. ESQUIVEL

Algo curioso le pasó a Jairo Contreras, quien cuenta que hasta lo han bajado de los buses de la cooperativa Parrales Vallejos. “Al llegar a la rotonda de Cristo Rey al parecer se subió el dueño de la unidad de bus y le preguntó que quién había dejado subir a ese cabrón. ‘Bajámelo ya. Si ese cabrón no se baja, nosotros no nos movemos’, le dijo el busero. Así nos tuvimos que bajar, para evitar problemas”, relató Contreras.

Torres añadió que es triste que las unidades de transporte colectivo estén siendo privatizadas por el Gobierno y de pronto la población tendrá que presentar un carné de militante para poder hacer uso de ese servicio.

Otra vez que les agarró la noche en la oficina, Contreras y Torres caminaron hasta las instalaciones del Ministerio de Gobernación a buscar una fritanga para cenar.

“Cuando veníamos de regreso, una gente que estaba cerca del Ministerio de Gobernación, que andaban en sus camisetas mensajes cristianos, solidarios y socialistas, comenzaron a ofendernos”, narró Torres.

LA REQUISA POLICIAL

El último abuso policial del que fueron objetos ocurrió el pasado 16 de abril, luego de salir de una entrevista en la radio Corporación, en el programa conducido por el periodista Winston Potosme.

Torres relata que al programa asistieron Marvin Parrales, del movimiento Pedro Joaquín Chamorro; David Campos, de la fundación Forjando el Futuro de Nicaragua (Forfunic), y él.

“Al salir de la radio Corporación fuimos detenidos por un policía motorizado que nos pidió nuestra cédula. Me pareció normal, pensé que era un proceso de rutina o un plan de seguridad que andaban desarrollando”, expresó Torres.

Los jóvenes siguieron su camino, ya que no había nada ilegal ni un motivo para detenerlos. Al llegar a la parada de buses se apareció de repente una patrulla de donde se bajaron tres agentes y a la impresión les dijeron que no se movieran y que se colocaran contra la pared.

Al preguntar por qué los detenían, bajo qué cargo, lo único que les dijeron es que era una orden retenerlos y revisarlos, pero no supieron decir de quién.

“En ese momento llamamos a los medios y estos se movilizaron, si no todavía estuviéramos presos y sin saber cuáles son los motivos de nuestra detención”, expresó Torres.

Y LAS QUE LES FALTAN

Al cuestionar a los agentes de que en menos de una hora los habían retenido dos veces el policía les respondió: “Y las que les faltan”.

Torres lamenta la persecución de parte del Gobierno y sin ningún motivo, ya que defender la Constitución es un derecho que asiste a todos los nicaragüenses, expresó el miembro de Rejudin.

David Campos, de Forfunic, comentó que ante ese constante acoso policial no les queda más que poner la denuncia ante el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

“Se debe dejar un precedente del acoso policial y seguir denunciando ante los medios de comunicación estos atropellos a la ley. Los policías dejaron claro que esa no iba a ser la primera ni la última vez que nos iban a detener”, declaró Campos.

Asimismo dijo que no es una coincidencia que los anden deteniendo en las calles, ya que el objetivo era claro: atacar a los miembros de Rejudin y las organizaciones juveniles aliadas.

Al igual que al resto de los muchachos, a Campos la Policía lo vive llamando para saber dónde está, qué acciones van a hacer, bajo la excusa de brindar protección a su vida. Sin embargo, afirma que desempeñan un doble rol, pues les informan a los miembros del partido de Gobierno sobre las protestas.

“Es obvio que no somos tontos, ellos quieren darnos confianza, pero nosotros sabemos en qué terreno estamos caminando. Además no entiendo por qué nos quieren dar protección, porque no soy diputado”, expresó Campos.

Además comentó que esa “protección” que le brinda la Policía no es efectiva, ya que el domingo pasado le robaron su cartera al salir de la oficina, lo dejaron sin su cédula para votar, pero en ese momento no se apareció ninguno de los efectivos policiales, dejando en evidencia que eso es un acoso policial, concluyó Campos.