LA PRENSA publicó en su edición de ayer la información de que, debido a las elecciones nacionales del próximo 6 de noviembre, el gobierno de Daniel Ortega recortará el año escolar, a fin de que termine a finales de octubre en vez de a mediados de diciembre, como establece el plan escolar de 2011.
La información fue proporcionada por maestros independientes, quienes aseguran que a pesar de que el año escolar en curso “inició retrasado el 15 de febrero pasado y el período de matrículas se extendió hasta el 30 de marzo, para conseguir que el mayor número de niños se inscribiera en las escuelas públicas del país”, sin embargo “el Gobierno apura el año escolar para utilizar a maestros y estudiantes con fines partidistas”.
Al respecto la profesora Lesbia Rodríguez, miembro de la organización de maestros independientes Unidad Sindical Magisterial (USM), asegura que en las escuelas ya se ha indicado a los docentes que deben “acelerar” los planes de estudio. “La primera semana de noviembre se desarrollarán las elecciones y por eso quieren que los maestros adelantemos todos los contenidos posibles antes de esa fecha y así evitar que las elecciones y la fiesta que organizarán tras la reelección afecten el año académico”.
Por su parte el profesor Arsenio Vivas, también perteneciente a la mencionada agrupación magisterial independiente, alertó que “al acortar el período académico se profundizaría menos en los temas de las distintas clases que conforman el currículo del Mined (Ministerio de Educación”. Y advirtió el profesor Vivas que las autoridades educativas orteguistas “están preocupadas por capacitar a sus maestros y alumnos sandinistas, porque ellos (los maestros y alumnos) desempeñarán una tarea en las próximas elecciones. Ahorita los chavalos de la FES (Federación de Estudiantes de Secundaria) y la Juventud Sandinista faltan a la escuela por andar metidos en esas politiquerías”.
En realidad, lo que menos le interesa a Daniel Ortega es que haya una educación pública de buena calidad. Por el contrario, a los gobernantes populistas y caudillistas como Ortega lo que les interesa es una educación pública demagógica y de pésima calidad, que les permita deformar la conciencia de los escolares, manipular a los educadores y convertirlos en fuerzas de choque y de apoyo a las actividades políticas oficialistas.
Precisamente el martes de la semana pasada, el filósofo español Fernando Savater explicó en Buenos Aires, Argentina, donde participó en un foro internacional sobre populismo y libertad, que: “El populismo es la democracia de los ignorantes. Lo que es la democracia para las personas cultas (una forma de gobierno que genera esperanzas y la forma civilizada de vivir en sociedad), es sustituida por el populismo, que es una degradación destinada a los ignorantes. Es la democracia rebajada en precio”.
Hablando con los alumnos de un centro escolar público de Buenos Aires, Savater expresó: “Las escuelas son los lugares más civilizados de este mundo de rapiña, de enfrentamientos, de incomprensión y abusos. Aquí es donde se conserva el espíritu de la civilización. Donde se distribuye y posibilita la humanidad”. Agregó que “la educación es la base de la humanidad democrática Sin educación no puede haber democracia. Los dos grandes enemigos de la democracia en todo el mundo son la ignorancia y la miseria”.
“Si alguien es ignorante no puede ser libre”, afirmó el filósofo español, para quien hay que liberarse “por vía del conocimiento, de la razón, de la palabra. Tenéis que educaros por vosotros mismos y por todos esos niños del mundo que no pueden educarse, que nadie va a educar. Esa es la importancia de la escuela pública, que es la base de la democracia”, explicó Savater, según el cual la verdadera educación es la que se basa en valores democráticos y principios de libertad, no la deformante farsa educativa que imponen los regímenes populistas.
“En una democracia todos los ciudadanos son los que gobiernan”, explicó Savater a los escolares. “Los que mandan por un período son los que nosotros mandamos a mandar, pero en realidad la soberanía está en nosotros. Formar ciudadanos es formar gobernantes, y que haya buenos ciudadanos es el único camino para que haya mejores gobernantes”, indicó el filósofo español, porque la buena educación prepara a los escolares para convertirse en ciudadanos dueños de su destino y del de su país, no en los seres despersonalizados y serviles que produce la demagógica y deformante “educación” populista.
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