Después de un salvado, no deberíamos concluir que Vicente Padilla será algo próximo a Mariano Rivera. Sería precipitarnos en torno a una proyección bastante riesgosa.
Sin embargo hay algo que sí conocemos de Padilla y es que efectivamente dispone del material para salir desde el bullpen a dar el portazo final a sus oponentes. Vicente fue en esencia un relevista en el beisbol local y la Selección Nacional, y ahí parecían estar sus mejores opciones al firmar.
Cuando Vicente debutó en Primera División, lo hizo relevando con Chinandega contra el Bóer. Y resolvió una situación de bases llenas sin out, con un ponche y un batazo para doble play a pesar que estaba en acción el corazón ofensivo de los Indios con Nemesio, Ocampo y Padilla.
Y cuando salta a las Ligas Mayores en 1999, salió desde el bullpen frente a los Rojos, quienes se le sublevaron y le voltearon el marcador. Pero al año siguiente, lo vimos relevando a todo meter con Arizona y acumuló 2-1 y 2.31 en 27 partidos, antes de ser canjeado a los Filis.
Tras varios titubeos en su labor de sostener o asegurar ventajas en Filadelfia, fue que se decidió convertirlo en abridor. Y sin llegar a ser estrella, Padilla se volvió un decente iniciador de partidos, con un promedio de 13 victorias y 184 entradas por temporada, durante ocho años.
Lo poblado del staff de los Dodgers, pero sobre todo la seguidilla de lesiones que han afectado al nica, han obligado al mánager Don Mattingly a enviarlo al bullpen, y después de tres actuaciones, ha realizado una buena labor. Ya se anotó un salvado y ha provocado cierto entusiasmo.
Pero debemos ir con calma. Primero, Mattingly no lo ha nombrado cerrador y, segundo, quizá no habría que descartar la posibilidad de que vuelva a iniciar juegos. Los Dodgers, además de Jonathan Broxton, el taponero titular, tienen a Hong-Chi Kou, otra opción para cerrar.
Sin embargo, si el mentor Mattingly decidiera, como lo sugiere el experto Tony Jackson de ESPN, entregarle la bola a Padilla para cerrar los partidos, seguro que se la estará dando a alguien que tiene poder y control, además de serenidad y valentía para realizar esa función.
Ponerlo a cerrar ante Florida fue situado en su hábitat. Padilla nació en el bullpen. Luego evolucionó hacia el rol de abridor. Y a juzgar por lo que dijo tras el juego, pareció confortable en esa función, en la que se requiere temple de acero y prisa en la recta.
“Lanzó a 92 millas pero lo verán a 95. Padilla es una pieza valiosa en este equipo”, dijo el mánager Mattingly, dejando en claro sus expectativas.
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