Nicaragua bendita por Juan Pablo II

Juan Pablo II, el primer Papa polaco y primero no italiano desde el Siglo XVI, será beatificado este primero de mayo. Es la primera vez en la historia de la Iglesia que un Papa es beatificado por su inmediato sucesor, en este caso Benedicto XVI, que fue un gran colaborador de Juan Pablo II al frente de la Congregación de la Doctrina de la Fe cuando era el cardenal Prefecto de este dicasterio.

Juan Pablo II es el décimo Papa que será beatificado, este primero de mayo, por su sucesor Benedicto XVI.

Por Eduardo Cruz

Fotos LA PRENSA/


Juan Pablo II, el primer Papa polaco y primero no italiano desde el Siglo XVI, será beatificado este primero de mayo. Es la primera vez en la historia de la Iglesia que un Papa es beatificado por su inmediato sucesor, en este caso Benedicto XVI, que fue un gran colaborador de Juan Pablo II al frente de la Congregación de la Doctrina de la Fe cuando era el cardenal Prefecto de este dicasterio.

El Sumo Pontífice polaco se caracterizó por cultivar una relación cercana con el pueblo católico de todo el mundo y para ello visitó 129 países, en 104 giras que realizó durante los 26 años de papado.

A Nicaragua vino dos veces. DOMINGO conversó con algunas personas que de alguna u otra forma participaron en estas visitas papales y nos explican la personalidad de este líder católico que es considerado también un gran líder mundial.

“El Papa quiere ir a Nicaragua”. Esas eran las palabras con que Juan Pablo II despedía a la presidenta Violeta Barrios de Chamorro cada vez que ella llegaba al Vaticano para pedirle que viniera por segunda vez al país.

En la memoria de la alta jerarquía de la Iglesia Católica todavía estaba fresca “la noche oscura”, a como el Papa llamó al primer período de gobierno sandinista en los años ochenta, durante el cual él visitó por primera vez el país, el 4 de marzo de 1983, y fue irrespetado por una parte de la multitud que le interrumpía con consignas partidarias mientras él ofrecía los santos sacramentos.

Las palabras del Papa a doña Violeta parecían decirle que él estaba dispuesto a regresar a Nicaragua, pero la estructura de la Iglesia se lo impedía, recuerda Hilda Sequeira, quien laboraba en la Cancillería de la República en el gobierno de doña Violeta y estuvo encargada de organizar el recibimiento a Juan Pablo II, en su segunda venida al país el 7 de febrero de 1996.

A mediados de diciembre de 1995, el Vaticano anunció la segunda venida del Papa a Nicaragua. El Gobierno de doña Violeta solo tuvo un mes y medio para preparar el recibimiento. No había Papamóvil. Hubo que prestarlo a Chile, porque Guatemala y El Salvador iban a ocupar el que tenían, ya que también serían visitados por el Papa. Se instaló un hospital debajo de la tarima donde el Santo Padre iba a oficiar misa en Managua.

En la parte izquierda de esta gráfica se puede observar la mano derecha de Mehmet Ali Agca sosteniendo la pistola con la que segundos después baleó al Papa Juan Pablo II, en 1981, cuando el Sumo Pontífice saludaba a feligreses en la plaza de San Pedro.

La tarima fue diseñada a semejanza del lugar donde el Papa oficia misa en Roma, donde existen unas columnas salomónicas bañadas con oro, solo que las de Nicaragua estaban adornadas con frutas tropicales.

Sequeira también recuerda que hubo muchas críticas sobre los gastos del Estado para recibir al Papa, pero así debía ser porque Juan Pablo II no solo era el líder de la Iglesia Católica, sino el jefe de Estado del Vaticano, y en esa condición lo recibió el Gobierno de Violeta Chamorro.

La seguridad que se dispuso para la protección del Papa fue extrema; se colocaron varias vallas. Una de las razones por la que pudo venir al país es porque el Ejército y la Policía de Nicaragua ya no tenían los mismos jefes que en los años ochenta, consideró Sequeira.

El Papa estaba feliz de estar de nuevo en Nicaragua. Su rostro era de alegría. Cantaba. Doña Violeta lo mimaba.

Dyederich Munguía Vega tenía 15 años de edad cuando vino Juan Pablo II por segunda vez. En esa época cantaba en el coro de la parroquia de Loma Linda y en una ocasión en que fue invitado a un acto cultural en la Universidad Católica (Unica), monseñor Eddy Montenegro lo vio cantar y desde ese momento lo invitó para que fuera “un número cultural” en el programa de recibimiento al Papa.

Munguía, cuyo nombre artístico ahora es “Remy”, le cantó al Santo Padre una canción que se llama Oh Señor Jesucristo . “Lo tuve como a 15 metros, hacía un llamado a la conciencia de los seres humanos”, recuerda el artista de su experiencia con el futuro santo.

Remy también recuerda a Alexis Argüello y a Denis Martínez entre las personalidades nacionales que recibirían al Papa. Denis Martínez le dio ánimos para que saliera al escenario a cantar.

La visita de un Papa a un país es un hecho de suma importancia, trascendental en la historia de una nación. Se trata del Vicario de Cristo, o representante de Dios en la Tierra, explica monseñor Bosco Vivas, miembro de la Conferencia Episcopal y quien tuvo la oportunidad de recibir al Santo Padre en las dos visitas que realizó al país.

“Sus venidas fueron una bendición para Nicaragua”, afirma el sacerdote.

El Papa Juan Pablo II fue muy cercano a Nicaragua, afirma Humberto Belli. “Creo que era la persona más extraordinaria de los últimos siglos, merece el apelativo de Juan Pablo El Grande, era un santo”.

Karol Wojtyla se convirtió en el primer Papa polaco de la historia y adoptó el nombre de Juan Pablo II.

Róger Cabezas era el segundo jefe de la Policía Sandinista cuando el Papa vino por primera vez al país. Y aunque se declara un agnóstico, que no cree pero tampoco rechaza al cristianismo. Cabezas reconoce que el Papa Juan Pablo II era una gran persona, instruido, que tuvo un punto culminante en su vida cuando después de recorrer todo el mundo y conocer la realidad de la humanidad pidió perdón por los errores cometidos a través de la historia por la Iglesia Católica y declaró al sistema imperante en el mundo como el “capitalismo salvaje”. “(La primera venida del Papa) fue un acontecimiento histórico”, señala Cabezas.

El actual presidente de la Asamblea Nacional, René Núñez, era el encargado de las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado en el primer Gobierno sandinista. Se le encargó dirigir la comisión que recibió al Papa en 1983. “El Papa Juan Pablo II era una persona con una personalidad muy fuerte, con un gran dominio del escenario, muy versado en todo, caminaba despacio, tranquilo, no se alteraba, miraba siempre a los ojos, te saludaba y hablaba con vos”, recuerda Núñez sobre el Santo Padre.

Belli recuerda que en una ocasión junto a Pablo Antonio Cuadra visitó a Juan Pablo II en el Vaticano y al despedirse de ellos el Papa tres veces hizo la señal de la Cruz, y en cada una de ellas repitió las palabras: “Una bendición muy especial por Nicaragua”.

Karol Wojtyla, verdadero nombre de Juan Pablo II, vivió en su juventud la ocupación de su natal Polonia por parte de la Alemania nazi. El régimen que había en su país era anticatólico y por tanto él siempre luchó contra regímenes comunistas que le cerraban los espacios a la Iglesia.

El escritor Sergio Ramírez Mercado, miembro de la Junta de Gobierno cuando vino el Papa en 1983, señala que en el contexto de la Guerra Fría el Papa fue una pieza maestra en la estrategia destinada a disolver el bloque soviético, aliado de los sandinistas.

Por invitación de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro, el Papa Juan Pablo II visitó Nicaragua por segunda vez en febrero de 1996, en un ambiente más agradable al de marzo de 1983. El Papa Juan Pablo II beatificó a la Madre Teresa de Calcuta, la

Desde que fue anunciada la primera venida del Papa al país hubo tensión. El 20 de febrero de 1983, el periódico sandinista Barricada denunció que monseñor Miguel Obando y Bravo, arzobispo de Managua, estaba en Roma para disuadir al Papa de venir a Nicaragua.

Sergio Ramírez recuerda en su libro Adiós Muchachos: “Entre tantas ironías que nos tocó vivir, hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para que el Papa viniera, cuando parecía que los adversarios de la revolución estaban intrigando para impedirlo. Por eso, a mediados de febrero de 1983 filtramos a la prensa, con intención preventiva, que Obando, entonces de visita en el Vaticano, había ido a disuadirlo. El viaje del Papa era a toda Centroamérica y la exclusión de Nicaragua representaría un revés en nuestra lucha constante por no ser aislados”.

Monseñor Bosco Vivas afirma que en realidad hubo un momento en que el Papa no quería venir a Nicaragua, pero no fue porque monseñor Obando lo haya persuadido a no venir, sino porque los sandinistas nunca le dieron la garantía de que se iba a encontrar con el pueblo de manera libre, sin protocolo.

El Papa arribó a Nicaragua a las 9:15 a. m. del 4 de marzo de 1983. Cuando bajó del avión de Alitalia besó suelo patrio.

El Papa Juan Pablo II murió el 2 de abril del año 2005, y cinco años después será beatificado, en uno de los procesos más rápidos de santificación.

En ese momento la Iglesia Católica estaba convulsionada porque tres sacerdotes eran funcionarios del Gobierno sandinista, lo cual estaba en contra de los lineamientos de la Iglesia.

El padre Ernesto Cardenal, uno de los sacerdotes que estaba con el Gobierno sandinista como ministro de Cultura, recuerda que en el aeropuerto, cuando el Papa había realizado los saludos de protocolo, le preguntó a Daniel Ortega que lo llevaba del brazo si podía saludar también a los ministros, y Ortega dijo que sí, a pesar de que ya se había convenido que ese saludo no se iba a realizar para evitar un encontronazo de Cardenal con el Sumo Pontífice.

“Cuando se acercó donde mí, yo hice lo que en ese caso había previsto hacer, y fue quitarme reverentemente la boina y doblar la rodilla para besarle el anillo. No permitió él que se lo besara y blandiendo el dedo como si fuera un bastón me dijo en tono de reproche: Usted debe regularizar su situación”, escribió Cardenal en su libro La Revolución Perdida.

El jefe policial Róger Cabezas recuerda que el Papa retiró violentamente la mano a Cardenal para que no le besara el anillo y se escuchó un murmullo entre todas las personas que presenciaron el hecho y se sintió fuertemente un ambiente de tensión.

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El Papa fue trasladado en un helicóptero militar hacia León, donde realizó un recorrido por la Catedral y un acto masivo en el campus médico de la Universidad. Iba custodiado en la aeronave por Lenín Cerna, jefe de la Seguridad del Estado.

René Núñez explicó que en ese momento en Nicaragua solo había helicópteros militares y que además estos eran los más seguros. En tierra firme el Papa fue trasladado en un bus descapotado.

Humberto Belli destacó que en León el Papa habló sobre la educación de los hijos, ya que el Gobierno sandinista estaba violentando la patria potestad de los padres, cuyos hijos serían obligados a un adoctrinamiento político en las escuelas.

Cabezas relató que él se estaba coordinando por radio con sus policías subordinados de León y éstos le comentaron que el Papa sufrió unos pocos abucheos por parte de la multitud.

A su regreso a Managua, siempre escoltado en el helicóptero por Lenín Cerna, el Papa se trasladó al Centro de Convenciones César Augusto Silva, donde se encontró con la Junta de Gobierno y la Dirección Nacional del FSLN.

Muy poca atención le habría prestado a un número cultural que le tenían preparado y tuvo su primer encuentro con madres de caídos que le pedían orara por la paz.

Después de reunirse con políticos de diversas corrientes y también con Daniel Ortega, el Papa se retiró a la Nunciatura, en Carretera Sur, donde habló con la Conferencia Episcopal, comió y descansó.

Por la tarde fue la misa en la Plaza 19 de Julio. Se calcula que asistieron cerca de 700 mil nicaragüenses. La concentración de gente más grande en la historia de Nicaragua. En los demás países de Centroamérica las multitudes no sobrepasaban los 75 mil asistentes, pero en Nicaragua eran cerca de un millón.

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