El “aleteo de tiburón” está despertando la preocupación entre los protectores del medio ambiente y las leyes de Nicaragua, ya que hay evidencias de que pasó de ser una actividad artesanal a una industrial, con las consecuencias que esto acarrea.
La pauta la marcó la embarcación Hung Chi Fu 68, con bandera de Belice, que hace 19 días desembarcó en el puerto de San Juan del Sur para descargar el equivalente a dos contenedores cargados con un 40 por ciento de aletas de tiburón y 20 por ciento de carne de pez espada, marlin y pez vela, todo esto en contra de la Ley de Pesca.
Matar tiburones exclusivamente para cortar sus aletas está prohibido en casi todo el mundo, incluso en Nicaragua, donde también es ilegal capturar peces espada y vela, así como marlin.
Según los convenios internacionales de pesca, un cargamento de aletas de tiburón no debe superar el cinco por ciento de los tiburones que carga. Además, en Nicaragua es prohibido cortar las aletas y tirar al mar el tiburón, razón por la que los pescadores artesanales capturan al tiburón y solo cortan sus aletas una vez en tierra.
La denuncia del barco con bandera beliceña la hizo el biólogo Fabio Buitrago cinco días después del desembarque, ante el director de Investigaciones Pesqueras y Acuícolas (CIPA), Rodolfo Sánchez.
El funcionario habría respondido a Buitrago que se trató de “un solo caso especial, pues la embarcación pidió autorización para desembarcar sus productos, pues se les estaba descomponiendo”.
El denunciante aclaró que, según fuentes conocedoras del caso, “las aletas de tiburón no venían naturalmente adheridas, con lo cual el desembarque de estas es doblemente ilegal”.
La doble ilegalidad está en que la embarcación superaba en un 800 por ciento el cargamento de aleta de tiburón permitido, y las mismas habían sido cortadas en altamar, lo que implica haber lanzado vivos a los tiburones tras haberles cortado sus miembros.
Lo peor, sin embargo, es lo que podría estar detrás de esta “visita” que llegó desde Costa Rica el 30 de abril.
Presuntamente otras naves realizaron dos desembarques más de aletas de tiburón a inicios de mayo.
Una habría ocurrido en Puerto Sandino y otra en Puerto Corinto, con matrículas desconocidas.
Aunque no pudo ser confirmado, la denuncia incluye la versión de los pescadores de San Juan del Sur, que coinciden en que el barco pagó más de 200 mil córdobas a la terminal pesquera para “maquilar” a los tiburones, es decir ocupar algunos cuerpos para hacer parecer que ahí las aletas fueron cortadas en tierra.
Versiones que llegan desde Costa Rica indican que el barco “descubierto” normalmente descargaba sus productos en el muelle privado de Mariscos Wong, en Puntarenas. Pero tuvo problemas con el Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (Incopesca). Luego la embarcación cambió de nombre, sustituyendo el antiguo Hsin Chi Tsai #6.
Existe el temor de que Nicaragua no solo esté permitiendo esta actividad ilegal, sino que además podría estar ayudando a personas que supuestamente cometen delitos en otros países.
Una taza de aleta de tiburón puede costar hasta 100 dólares en lugares como Asia, porque supuestamente tiene propiedades afrodisíacas. Ya se comprobó que esto no solo es falso, sino que además está extinguiendo a los tiburones.
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