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Luis Sánchez Sancho

La buena diosa

Lactancio (Lucio Cecilio Firmia- no) fue un escritor romano de los primeros tiempos del cristianismo (cristiano converso él mismo), que nació en el año 250 y murió en el 317 después de Cristo.

Lactancio fue el primero que escribió textos cristianos en latín y por su talento le decían “el Cicerón cristiano”, en alusión a Marco Tulio Cicerón (106-43 antes de Cristo), el orador y escritor más admirado y respetado de la antigua Roma.

Habiendo recibido una esmerada educación en la religión pagana de los romanos precristianos, Lactancio tenía un amplio conocimiento sobre los dioses y cultos antiguos. Y mencionó en sus escritos a la Buena Diosa, a la cual se le rendía culto en Roma.

Según Lactancio, la Buena Diosa fue una persona que existió realmente. Según él, fue una dama romana tan honesta y pudorosa que jamás tuvo ojos para ningún hombre que no fuera su esposo. Sin embargo aquella dama de ejemplar honestidad y recato desafió un día las costumbres de la época y tomó un poco de vino, lo cual era un privilegio reservado exclusivamente a los hombres.

La mujer fue castigada por su propio marido, quien la azotó con ramas de mirto hasta matarla. Pero Fauno —un dios que estaba consagrado a la fertilidad de la tierra y a la fecundidad y protección de los ganados— sintió mucho pesar por la muerte de aquella virtuosa mujer y la colocó entre las divinidades, con el nombre de la Buena Diosa.

La fiesta de la Buena Diosa se celebraba en mayo y para la ocasión se sacrificaba una cerda recién parida. La fiesta se hacía durante la noche en un lugar que era adornado e iluminado con gran ostentación, pues se le consideraba como una festividad de la alegría, a pesar de su triste origen.

Para presidir la fiesta las vírgenes vestales (sacerdotisas de Vesta, diosa del hogar) se trasladaban al lugar de celebración, que por lo general era la residencia del soberano pontífice (superior religioso) o la de uno de los principales magistrados de la ciudad.

En la fiesta de la Buena Diosa solo participaban mujeres. La exclusividad femenina de esa festividad, a la que popularmente llamaban Matronalia, era tan estricta que en la casa donde se celebraba el festejo no solo debían estar ausentes los hombres, sino también los animales machos. Inclusive, si había representaciones de varones, como pinturas o esculturas, se les cubría con mantos. Según la creencia popular, si algún hombre se atrevía a ver aquella celebración de las mujeres, los dioses lo dejaban ciego.

Sin embargo un hombre llamado Clodio Albino, de la ilustre familia de los Claudios, se disfrazó de mujer y se introdujo en la fiesta de la Buena Diosa que se estaba celebrando en la residencia de Pompeyo César. Según se comentaba, Clodio era amante de la esposa del César y quería ver qué hacían las mujeres durante la Matronalia.

Clodio fue descubierto por la madre de Pompeyo y se le acusó por sacrilegio ante un tribunal, en el cual Cicerón fue el acusador, haciendo uso de su gran elocuencia para demostrar la culpabilidad del enjuiciado. Sin embargo, por presiones del mismo César, quien tenía en mucha estima a Clodio, este fue absuelto por el tribunal. Después Clodio tomó drásticas represalias contra el maestro Cicerón, enviándolo al exilio y confiscándole sus propiedades.

Los griegos llamaban Buena Diosa a Rea, la madre de Zeus, a la que los romanos conocían como Cibeles u Ops.

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