El invierno pasado se tragó un sector del barrio Manchester. Todavía se ven las puntas de los postes de luz ahogados a unos seis metros de lo que desde ese entonces se convirtió en la nueva costa del lago Xolotlán.
“Es la crecida del lago más grande que he visto y a casi un año no ha vuelto el nivel normal del lago”, asegura José Luis Soto, quien ha vivido siempre en ese barrio.
- Poco seguimiento de la Alcaldía de Managua y el Ministerio de Salud hace que el barrio costero de Las Torres sea todavía más vulnerable a las enfermedades.
Desde hace más de un año un enorme hueco en la calle se convierte con cada lluvia en una poza sucia que alberga miles de zancudos.
En el invierno pasado tuve a mis siete hijos con dengue clásico. Aquí, además de fumigar y abatizar, hace falta que vengan a mejorar las condiciones del barrio, dice Balbina Salgado, de 38 años, habitante del lugar.
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“Mi taller se me inundó, hace dos años hice una gran inversión en mi casa y no sé qué pueda pasar con este invierno. No es fácil irte de tu hogar”, dice.
Él tuvo suerte, pero para Lilliam Chacón la corriente fue más fuerte. Ella y sus hijas vivían en una de las casas en las costas del lago, pero en agosto de 2010 fue trasladada al albergue Casa Cross, junto con otras 700 personas en la misma condición.
En una pieza de tres por cinco metros cuadrados cada una de las familias debía hacer su nuevo hogar. Al principio todo era mejor que estar a la intemperie o acampar en los terrenos charcosos y exponerse a enfermedades. Pero unos meses después el ambiente no era tan sano. En diciembre del año pasado ya estaba de vuelta en la casa de sus padres con sus pequeñas hijas.
“No aguanté más. Mucho maltrato, mucha presión, mucho abuso. Solicité un permiso de salida porque trabajo y solo regreso a dormir, porque aquí no cabemos todos”, asegura Lilliam Chacón, de 22 años. “A la antigua coordinadora del albergue, solo sé que se llama Elizabeth, la quitaron por que la gente se quejó”, cuenta.
Para Maritza Suárez volver a su casa en las orillas del lago fue casi una orden.
Un día que regresó de su trabajo le notificaron que sus cosas estaban empacadas en una bodega y que podía pasarlas retirando. Elizabeth, la antigua coordinadora, había dado la orden. Otras diez familias salieron en ese “paquete”.
Sin casa, sin posibilidades y sin respuestas, Maritza Suárez justifica lo que parece la única salida para algunos. “Si en los albergues hay este tipo de situaciones, en las que te sacan para meter a gente que nunca ha vivido en las costas del lago y mantenerlas ahí con todos los beneficios, ¿qué te queda? Regresar al lago”, comenta.
A LA DERIVA
“Me imagino que el Gobierno dará algún tipo de respuesta y que si no han dicho nada de cómo prepararnos para una inundación como la pasada espero que sea porque se están preparando”, dice Soto.
Pero Lilliam y Maritza están más preocupadas. “Dicen que en agosto nos resuelven, pero nos llevan de mes en mes con eso. Según ellos, para esa fecha habrá una respuesta, pero ni siquiera hemos escuchado opciones”, comparte Lilliam. “Otros rumores es que si no gana el Frente (Sandinista) nos devuelven a la playa, por eso están diciéndole a la gente que vote por ellos, para garantizarles todo”, agregó.
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