El mes de mayo, especialmente en el trópico en que los campos con las primeras lluvias, aún los que han sido desforestados, reverdecen y sobre todo en los lugares todavía arborizados, en los que ha quedado parte de la fauna, con el trinar de las aves y ante el verdor que asoma su armonioso conjunto dándole mejor sentido a la vida levanta el ánimo de quienes con experiencia, sabiendo utilizar las anuales estaciones, hacen resurgir en ellos la esperanza.
Que Dios misericordioso bendiga su esfuerzo, ya que trabajando en el campo y afianzados a sus principios tradicionales con su trabajo colaboran a la producción de básicos alimentos que a diario se necesitan para la subsistencia; y que no permita que las lluvias traídas por las nubes recogidas de lugares ignotos se hayan contaminado de los gases letales emanados por las fallas de las plantas nucleares, que ocasionó el desastroso terremoto en las playas del Japón.
Es cierto que no hay que ser pesimista, pero sí, hay que ser previsor sobre todo si hay en cierne una amenaza latente. Al Señor que es dueño de todo, pedirle clemencia y benevolencia; y que no haya más desastres como los acaecidos por diversas causas en distintos países del orbe; y para ello, nada mejor que buscar la intersección de la Virgen María, ya que mayo ha sido designado por la Liturgia mes de María; y diario se reza el Santo Rosario.
Aunque a ella, por ser la corredentora e intercesora nuestra, debería designársele no solo mayo, sino todo el tiempo que su divino hijo Jesús nos da; y como segunda persona de Dios trino y uno que es, sabe que lo amerita. Ya que de ella por obra y gracia del Espíritu Santo, de su inmaculado vientre nació el Mesías anunciado y prometido muchos siglos antes por los profetas a Israel; ofreciéndose de holocausto al Padre, para redimirnos y salvarnos.
También María ha sido proclamada Madre de la Iglesia por el Magisterio eclesial; y de hecho madre nuestra como legado al apóstol San Juan por su hijo Jesús, ya agónico en la cruz. Y ella por amor a su amantísimo hijo y como corredentora suya, nos reconoce como a verdaderos hijos suyos, si con humildad también reconociéndola como madre imploramos su ayuda; y ella siempre escucha como una verdadera madre a todos sus hijos, e intercede aún por los infieles.
Y utilizando el poder que su divino hijo le da, activamente colabora en su obra redentora; y así como en las bodas de Caná de Galilea, está siempre pendiente de lo que a sus hijos les hace falta. En sus distintas apariciones en diferentes países a cristianos bienaventurados, a sabiendas de que la paz es lo que más hace falta, ha enviado con ellos su mensaje de amor, para recordar que solo viviendo los principios de la fe cristiana y acatando la voluntad de su hijo, alcanzándose la verdadera paz, todo lo demás llega por añadidura.
Vale la pena seguir el camino que María nuestra madre nos señala. Su divino hijo lo ha dicho bien claro que Él es: luz, camino y guía. Sigámosle y trascendamos con Él a la eternidad.
Y este mayo, también de las madres, felicidades a todas y sigan el consejo de María.
El autor es miembro de Ciudad de Dios y Redemptor Hominis.
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