A pesar de que en la actualidad Nicaragua no enfrenta un proceso bélico, se pretende imponer la figura de reelección continua, lo que, sumado a la desconfianza en el actual proceso electoral, hace imperante la observación electoral en Nicaragua, lo que pretende ser obviado por las autoridades electorales.
Una de las razones para evitar la observación, a juicio de la expresidenta del Poder Electoral, Rosa Marina Zelaya, es que los magistrados de facto temen que los observadores sean testigos de la debilidad en el sistema electoral y hagan informes que declaren ilegales las elecciones nacionales del próximo seis de noviembre.
Además dijo que la figura de “acompañamiento”, a como se estableció en el calendario electoral, surge a partir de estos comicios electorales.
“Esa es una palabra hueca, sin ningún sentido jurídico, pues no existe en la Ley Electoral ni en la Constitución; tampoco en ninguna otra ley”, explicó la exfuncionaria del Poder Electoral.
Zelaya agregó que el problema no es semántico, ya que tanto el magistrado de facto, Roberto Rivas, como el presidente Daniel Ortega pretenden darle un significado de injerencismo e intervencionismo a la observación electoral internacional.
Zelaya recordó que las elecciones más observadas en la historia de Nicaragua fueron las de 1990, debido a la situación política de ese momento. Reiteró que el país se encontraba en guerra y, al igual que hoy, Ortega contaba con todos los recursos del Estado para su campaña reeleccionista.
FUNCIONES DE LA OBSERVACIÓN
Explicó que “en el mundo democrático es necesario la observación electoral, ya que contribuye en los procesos electorales, para que estos tengan mayor credibilidad e incluso en momentos determinados (los observadores) se convierten en asesores técnicos del Poder Electoral”. Agregó que en otros momentos estos se convierten en amables componedores a solicitud de los mismos partidos políticos.
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