“La integración depende mucho de los presidentes”

Oliver Dabéne es doctor en ciencias políticas, presidente del Observatorio político de América latina y el Caribe (OPALC) y director de los cursos de postgrado, en política comparada, del Instituto de Estudios Políticos (IEP) de París, Francia.

Olivier Dabéne, profesor de ciencias políticas en Francia. LA PRENSA/MIGUEL LORÍO

Oliver Dabéne es doctor en ciencias políticas, presidente del Observatorio político de América latina y el Caribe (OPALC) y director de los cursos de postgrado, en política comparada, del Instituto de Estudios Políticos (IEP) de París, Francia.

Dabéne ha seguido de cerca la integración de Centroamérica y, por tanto, afirma que la reciente crisis política en Honduras y el conflicto entre Costa Rica y Nicaragua por los trabajos del dragado del río San Juan son “normales”, dentro de la conflictiva historia de este proceso que ya cumplió medio siglo.

En esta entrevista con LA PRENSA, indica que los altibajos del proceso integracionista son ocasionados por la “falta de capacidad” de los gobernantes de los países centroamericanos para superar los problemas políticos.

¿Cuál es la situación actual de la integración centroamericana?

En los últimos dos o tres años la integración ha vivido momentos difíciles, primero a raíz del golpe de Estado en Honduras y después por los problemas fronterizos entre Nicaragua y Costa Rica. Ha sido un mal momento, pero creo que esa etapa ya se está superando. Pero lo que ha pasado es algo bastante común, porque los sesenta años de historia de la integración en Centroamérica han sido de crisis permanentes, pero después de cada crisis viene una época de reactivación, de relanzamiento. Es normal, así avanza la historia; nunca, en ninguna parte del mundo, ha sido diferente. Los procesos de integración son así, crisis reactivación, crisis, reactivación. Así avanza. Pero al mismo tiempo ha tenido éxito. Han firmado un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, unas iniciativas en materia de pesca y para la unión aduanera. Hay algunos temas de la agenda que siguen avanzando, pero el clima político en los últimos dos años ha sido complicado.

La crisis provocada por lo ocurrido en Honduras parece estar superada, pero el conflicto entre Nicaragua y Costa Rica aún no se resuelve. ¿Podría seguir afectando el proceso de integración este conflicto?

Ahora eso está en la Corte Internacional de Justicia de La Haya y hay que esperar. Pero, efectivamente, esa relación estructuralmente ha sido complicada. Yo he vivido tres años en Costa Rica y conozco bien el país y siempre me ha llamado la atención las relaciones un poco tensas con el vecino del norte. Pero conociendo un poco la historia me doy cuenta que es una larga historia de conflictos y tensiones, hay tantos ejemplos que, bueno…

Pero, la buena noticia es que creo que esta última crisis pudo ser peor. Si tomamos los mismo problemas y volvemos veinte años atrás, hubiera sido peor. O sea, por ejemplo, cierre de fronteras, interrupción del comercio, incluso incidentes. Yo recuerdo una época, no sé exactamente en qué año, pero mataron a un policía en la frontera, en los años 85 u 86, por algo también del río San Juan. No recuerdo si el policía era nicaragüense o costarricense, pero ocurrió el incidente. Pero lo que acaban de vivir ha sido una crisis, por supuesto, algo grave pero que no generó una situación tan tensa como habría ocurrido veinte años atrás cuando se cerraron las fronteras, se interrumpieron los flujos comerciales, los países decidieron ir ante la Corte. Para mí, es importante también ver el aspecto positivo.

¿La falta de compromiso de los gobernantes del área, sigue siendo el principal obstáculo para el avance del proceso de integración centroamericano?

La integración centroamericana tiene muchas instituciones. Es uno de los casos en América Latina de mayor profundidad de la integración, si tomamos en cuenta la institucionalidad. Sin embargo, esas instituciones no funcionan tan bien y la consecuencia es que los presidentes todavía juegan un papel motor, un papel importante. Entonces, la integración depende mucho de la relación que existe entre los presidentes, por falta de institucionalidad. O sea, no hay instituciones supranacionales. Entonces son los presidentes, cuando se reúnen en cumbres presidenciales, los que dan el impulso, los que dan las pautas. Y cuando hay malas relaciones entre los presidentes, inmediatamente el proceso pierde dinamismo.

¿Se nota que en los últimos años ha habido malas relaciones entre algunos presidentes del área?

Por supuesto, claro que se nota. Por ejemplo, no tengo los datos, pero vamos a decir que hace algunos años los presidentes tenía siete u ocho reuniones anuales o más, inclusive en un año se reunieron como diez veces, pero en los últimos años se reúnen muy poco. Inclusive, cuando hay reuniones no vienen todos. Entonces, basta ver la foto oficial de las cumbres presidenciales para tener una idea del clima político de la región. Y eso sí afecta al proceso, por la insuficiente institucionalización, porque cuando hay una alta institucionalización es una buena protección contra los cambios políticos o la química personal entre los presidentes.

¿Hay algún gobernante que tenga más responsabilidad que el resto?

No voy a culpar a ningún presidente o un país. Pero dada la historia larga de la integración regional, los presidentes todos deberían tener una capacidad colectiva de superar los problemas políticos que puedan surgir. Cuando no hay esa capacidad colectiva, para mí es una clara muestra de que el compromiso con la integración no es tan sincero, no es tan fuerte como dicen que es.

¿A qué atribuye esa falta de capacidad colectiva para superar los problemas?

Creo que los países son muy nacionalistas y piensan primero en intereses nacionales, antes de contemplar el interés regional. Y a veces deberían poner un poco más el énfasis en el interés general, en vez de defender así posiciones en defensa de intereses nacionales. Entonces, la culpa es colectiva. Pero, claro que en el golpe de Estado la culpa la tiene Honduras, por supuesto. En el caso del conflicto de Nicaragua con Costa Rica, no tengo idea y no quiero opinar. Pero también, en lo que yo siempre pongo énfasis en mis investigaciones es en la política interna de los países, porque, claramente, cuando hay factores de política interna de cada país que pueden explicar lo que pasa a nivel regional.

¿Qué factores?

Si hay una falta de liderazgo político, por parte de un presidente, eso afecta y podría ser el caso de Costa Rica en este momento, no sé. Pero claramente, cuando un presidente se encuentra en campaña electoral, este es ya más el caso de Nicaragua, también puede afectar. Por bien o por mal, pero afecta. O se descuida o se puede utilizar la política externa, como argumento de campaña, depende. De repente no sé, si en Nicaragua el tema internacional va a cobrar importancia en la campaña, pero es posible. Por ejemplo, típicamente una crisis o dificultades externas dan la oportunidad a un presidente de demostrar su nacionalismo y eso es bueno en una campaña. Tengo recuerdo de la Nicaragua de los años ochenta, porque yo estaba aquí. Recuerdo muy bien que eran tiempos de guerra, pero esa situación de guerra tenía ciertas ventajas políticas internas y un costo político elevado. Pero siempre es bueno para un presidente en campaña demostrar liderazgo en una crisis internacional. Puede rendir beneficios electorales, pero por supuesto que eso afecta el proceso de integración.

¿Entonces el conflicto entre Nicaragua y Costa Rica por el dragado del río San Juan, en lugar de resolverse podría acentuarse durante la campaña electoral?

Sí, existe la posibilidad. Pero no solo por Nicaragua, también por Costa Rica porque tienen una nueva presidenta, cuyo liderazgo es un poco débil. Entonces, una crisis internacional le ayuda a presentarse como una estadista que tiene mano firme frente a la supuesta agresión del vecino, etc., y recíprocamente. Aquí también es bueno tener esa imagen de un presidente que sabe manejar lo internacional sin ceder nada; entonces es bueno. Muchas veces así, los presidentes que usan las relaciones externas para efectos de política interna, afectan el proceso de integración. El calendario electoral es determinante para también evaluar el clima político y por ende lo que está pasando en la región.

¿Qué se puede esperar del proceso de integración, tomado en cuenta la próxima entrada en vigencia del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea?

En el mediano plazo, si hablamos del Acuerdo de Asociación, la Comisión Europea y la Unión Europa van a seguir acompañando, ayudando y hasta presionando para que los centroamericanos profundicen la integración. Si lo van a hacer, si lo van a poder hacer o si lo van a querer hacer, lo dudo un poco. Pero creo que se va a seguir progresando en temas precisos de la agenda de integración. Pero no necesariamente en la profundización de la integración, en el sentido de tener instituciones supranacionales, al igual que lo que tiene Europa. Creo que eso no va a prosperar, porque los países simplemente no quieren hacerlo. Nadie puede forzar a los países a ceder soberanía y a construir un sistema de integración más supranacional, porque eso es simplemente imposible. Pero sí se puede progresar mucho en temas precisos, como la unión aduanera por ejemplo, que es un tema que se viene discutiendo hace sesenta años, cincuenta años en Centroamérica, y que no se han hecho muchos progresos y no es tan difícil.

¿Esa falta de compromiso de los gobernantes que evita profundizar en el proceso de integración, podría arriesgar la vigencia del Acuerdo de Asociación? Uno de los pilares contempla aspectos de gobernabilidad.

El acuerdo está firmado y Europa va a ayudar para que se cumpla. Pero creo que para la Unión Europea lo más importante era llegar a la firma del acuerdo. Creo que al principio, como que la Unión Europea no tenía mucho interés en firmar un acuerdo, pero cuando empezaron a negociar se dieron cuenta que es algo importante y ha sido para la Unión Europea una negociación exitosa, en el sentido de que lograron prácticamente obligar a negociar como bloque, que ese era su objetivo, a diferencia de lo que hicieron los Estados Unidos. Entonces, eso de obligar a los centroamericanos a negociar como bloque, ya es un éxito. Lo que viene después no es tan importante. Después vamos a ver. Creo que para Centroamerica lo más importante en este momento debe ser poner un poco de orden en la casa y ver cuales son las metodologías más importantes, porque por un lado tienen el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, hay un acuerdo con Estados Unidos y hay acuerdos entre los países centroamericanos. Entonces, creo que es cuestión de ver qué es lo que importa más. Si es profundizar lo que existe en la región o simplemente tratar de relacionar las relaciones con Estados Unidos o Europa.

¿Se priorizará entonces el aspecto económico del acuerdo y lo político seguirá rezagado?

Sí, pero de todas maneras la parte económica del acuerdo no es tan importante, creo yo. Los centroamericanos ya tenían un acceso preferencial a los mercados europeos. El nuevo acuerdo no agrega mucho más. Pero hay un pilar importante para los europeos, que es el diálogo político. Eso es importante porque Europa siempre busca aliados para compartir una cierta visión de la situación internacional. Entonces, lo importante a corto y mediano plazo es, como siempre la problemática no cambia mucho en Centroamérica, decidir qué es lo que quieren hacer con el SICA (Sistema de Integración Centroamericano) y ver, por ejemplo, si los países se ponen de acuerdo para dar más recursos a esa institución, porque el SICA es un órgano de integración que depende de la cooperación internacional. Eso es una muestra de la falta de compromiso político con la integración. Los países dan muy poco dinero, cuando pagan, porque algunos países ni siquiera pagan las cuotas. Eso demuestra también la falta de interés. Es un poco curioso tener un sistema de integración que dependa de la ayuda externa y en particular europea.

¿Hasta dónde pueden llegar las presiones de Europa, para que se profundice la integración y se respeten los aspectos de gobernabilidad que establece uno de los pilares del Acuerdo de Asociación?

Si hablamos de la dimensión de los procesos electorales que en este momento se desarrollan (en Nicaragua y Guatemala) y de la calidad de la democracia, es un tema complicado porque en los acuerdos firmados con la Unión Europea existe una cláusula democrática. Pero la cláusula democrática se aplica sólo en caso de ruptura del orden democrático, es decir, por un golpe de Estado.

¿El golpe de Estado es la única causa de ruptura del orden democrático?

Ese es el problema, que el único parámetro para medir la ruptura es ese. La cláusula se aplicó a Honduras, por unos meses se retiro la cooperación, por un tiempo. En el caso de Guatemala claramente se puede cuestionar la legalidad de una candidatura presidencial, que necesitó un divorcio para presentarse, etc; pero no hay una ruptura del orden democrático. La única cláusula democrática en América Latina que va más allá de la noción de ruptura del orden democrático, es la de UNASUR que incluye el caso de amenazas a la democracia. Pero las demás y la europea, no lo contemplan. Me imagino, no va a haber un golpe de Estado en Guatemala o en otros países centroamericanos, pero en fin, ¿qué se puede hacer? Se pueden dar declaraciones políticas, como las que publica LA PRENSA hoy (ayer) del representante de la Unión Europea, Mendel Goldstein, que critica el caudillismo en Centroamérica. Es una alusión clara, pero no sé, ese tipo de cosas, declaración política; pero no se puede usar un instrumento tipo cláusula democrática, porque la esposa del presidente de un país se tuvo que divorciar para presentarse como candidata a la presidencia. Es imposible.

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