El diccionario Wikipedia define la palabra honestidad como cualidad o calidad humana que consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad (decir la verdad), de acuerdo con los valores de verdad y justicia establecidos. La honestidad debe entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, termina diciendo. La palabra honradez la define como la cualidad con la cual se designa a aquella persona que se muestra, tanto en su actuar como en su manera de pensar como justa, recta e íntegra. Quien obra con honradez se caracterizará por su rectitud e integridad con la cual procede, respetando por sobre todas las cosas las normas que se consideran como correctas y adecuadas en la comunidad en la cual vive, nos termina diciendo el diccionario.
En otras palabras, tanto el calificativo de honesto como el de honrado no son adjetivos que podemos adjudicarnos, sino que son títulos con que nos califican las personas que conviven con nosotros en nuestro entorno o comunidad. Yo agregaría que tanto la honradez como la honestidad son un reconocimiento que la sociedad da a quien a lo largo de su vida ha actuado con rectitud tanto en su toma de decisiones personales, así como en aquellas que afectaran a terceros.
Durante los próximos casi cinco meses que faltan para las próximas elecciones, todos los candidatos sin excepción, especialmente los presidenciales se esforzarán al máximo por convencernos de que cada uno de ellos es mejor que el otro y entre sus promesas de campaña los escucharemos hablar de honestidad y honradez con bastante frecuencia. Nuestra obligación antes de adquirir un compromiso con alguno, es analizar concienzudamente sus respectivas hojas de vida. Especialmente las que tienen que ver con su actuar político, de la objetividad de nuestra valoración dependerá en gran medida el rumbo que habrá de tomar nuestra sociedad y por ende el futuro que estaremos heredando a nuestros hijos.
Otro elemento que a mi juicio se debe tener en cuenta antes de tomar la gran decisión, es el de analizar la capacidad de cumplimiento de las promesas que hoy nos hacen. Esto pasa por echarle una miradita a su entorno, es decir; quienes lo acompañan o mejor dicho de quienes se hicieron acompañar. De paso no estaría demás analizar su independencia de criterio, no vaya a ser que estemos eligiendo a uno para que luego nos gobierne otro como es el caso actual. Si tomamos con seriedad estos parámetros y otros que por razones de espacio no me es posible someterlos a sus consideraciones, podremos estar seguros que tanto los diputados como el candidato a presidente que elijamos, sabrán cumplir lo prometido y como consecuencia lógica estaremos retomando el rumbo de la democracia y el respeto a nuestros derechos individuales y colectivos que merecemos y por los que tanta sangre hemos derramado.
No quiero finalizar este escrito sin antes llamar la atención sobre algunos políticos que hoy dicen representarnos y que aspiran a hacerlo de nuevo, a estos debemos observarlos con lupa de doble lente y si nos falla alguno, tendremos la autoridad moral de señalarlos y endilgarles cualquier calificativo, menos el de honestos y honrados.
El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense.
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