La alarma del despertador suena y tenemos menos de media hora para alistarnos y salir hacia el trabajo. Corremos a bañarnos y vestirnos. Pero falta algo… Desayunar.
Pensamos que no importa, de igual forma podríamos comprar algo en el camino. Si nos da tiempo, compramos un jugo en caja y una repostería y con eso “pasamos”; si no dio chance de comer, llega el mediodía y nuestro estómago continúa vacío, sin conocer lo que es un verdadero desayuno.
Esta podría ser la historia de muchos que no desayunan como el doctor manda.
DURANTE EL AYUNO
La energía con la que trabaja nuestro cuerpo es la glucosa, que “es la parte más sencilla del azúcar o el elemento más pequeñito del azúcar”, explica la dietista y nutricionista Martha Justina González.
- Por la mañana estamos diseñados para que la insulina ayude a procesar la glucosa en el cuerpo, o sea a metabolizarla; durante este tiempo del día la insulina es mucho más eficiente, es por eso que en ese momento se puede comer cereales, almidones, panes, gallo pinto, en cantidades moderadas, por supuesto.
- Un desayuno ideal podría ser gallo pinto, panes tostados y huevos. Acompañados por frutas y un vaso con leche, jugo de naranja o yogur.
- La especialista explica que nuestro organismo necesita energía cada tres o cuatro horas, pasado ese período tenemos que darle el aporte de energía que el cuerpo necesita. Por eso se deben hacer meriendas a media mañana y a media tarde, preferiblemente. Para merendar están las frutas, nueces o yogur.
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“Tenemos una reserva de glucosa que se forma en el hígado, se llama glucógeno y cuando no hemos comido pasamos a trabajar con esta reserva de glucosa”, indica González.
Agrega que cuando no hemos comido, el glucógeno sale del hígado y entra a la sangre, para que tengamos otra vez esa energía. Si no comemos, la reserva de glucógeno se agota y el cuerpo busca un mecanismo alterno.
Nosotros dormimos de ocho a diez horas. Al despertarnos lo más que podemos estar sin ingerir alimentos es de 20 a 30 minutos. Pasado este tiempo la reserva de glucógeno debe reponerse con la energía que provee la comida.
Cuando eso no ocurre, el cuerpo busca un mecanismo alterno y entonces activa las hormonas del estrés, primero activa el cortisol; este obtiene la energía que el cuerpo no obtuvo de los alimentos de los propios músculos, entonces la persona en vez de estar usando su reserva de grasa más bien está usando su reserva muscular, y es como que si “comiera” sus propios músculos para tener energía.
“Cuando pasa mucho tiempo, además del cortisol, se activa la cortisona, que es otra hormona del estrés. Estas hormonas aseguran que el cuerpo tenga energía de donde sea para que no se paralice, pero a la vez son productoras de grasa”, aclara González, quien pronto publicará una obra sobre la importancia de la buena nutrición junto a su colega Cecilia Castro.
CONSECUENCIAS
La persona que está sin desayunar, sea adulto o niño, no está en sus mejores condiciones cognitivas.
“Si es un niño, este no está en su mejor condición porque no tiene la energía que el cerebro reconoce, que es la glucosa”, expresa la doctora.
Además la persona se encuentra irritable o intranquila, no está en toda su capacidad para desempeñar un trabajo, ya que se activan las hormonas del estrés.
El ayuno también puede provocar alitosis, ya que en la boca se albergan bacterias debido a los residuos de comida.
MITO DESECHADO
“Muchas personas no desayunan con la idea de controlar peso, tenemos que botar esa teoría, porque ya vemos que más bien estas hormonas son productoras de grasa y hacen que la persona pierda músculo”, asegura González.
La persona que no desayuna pensando que así bajará de peso está equivocada, pues es seguro que a la hora del almuerzo y la cena esta persona comerá en mayores cantidades para satisfacer su hambre.
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