Todo es mentira

La letra de un antiguo tan- go —ante la muerte de un ser querido— finaliza con la estrofa en la que el acabangado se queja: “Todo es mentira, mentira es el lamento, hoy está solo mi corazón”. Pero este reclamo se puede extrapolar a la situación actual de Nicaragua, donde se vive la posible víspera de la muerte de la libertad y la democracia, puesto que las instituciones públicas —como la Corte Suprema de Justicia (CSJ), el Consejo Supremo Electoral (CSE), la Contraloría General de la República (CGR), la Fiscalía, la Procuraduría de los Derechos Humanos y demás— son de mentira.

La letra de un antiguo tan- go —ante la muerte de un ser querido— finaliza con la estrofa en la que el acabangado se queja: “Todo es mentira, mentira es el lamento, hoy está solo mi corazón”. Pero este reclamo se puede extrapolar a la situación actual de Nicaragua, donde se vive la posible víspera de la muerte de la libertad y la democracia, puesto que las instituciones públicas —como la Corte Suprema de Justicia (CSJ), el Consejo Supremo Electoral (CSE), la Contraloría General de la República (CGR), la Fiscalía, la Procuraduría de los Derechos Humanos y demás— son de mentira.

Una de las candidaturas a presidente de la República en las elecciones del próximo mes de noviembre es falsa. Además, que el Frente Sandinista ya no es de liberación nacional, sino que es POM (Partido Ortega-Murillista). Lo de “sandinismo” es puro cuento, aunque siempre lo ha sido. Nada tiene que ver Sandino con toda esta trama. Los demás partidos políticos —en términos generales— no son realmente partidos, sino que son instrumentos de un puñado de personas que los utilizan para lograr beneficios particulares y de grupos, no para promover el bien común ni buscar cómo mejorar la situación económica, social, política, cultural y jurídica de la colectividad.

Las leyes y los que deberían impartir justicia son un embuste. Lo que dicen los políticos —especialmente los que detentan el poder— son patrañas. En la campaña electoral del 2006 el ahora titular del Ejecutivo prometió cosas que no ha cumplido y desde el 2007 hace cosas que nunca prometió. Como bien dice el doctor Alejandro Serrano Caldera, “se dice lo que no se hace y se hace lo que no se dice”.

Por lo tanto, la verdad es lo que se hace, no lo que se dice. No obstante, lo trágico de esta estratagema es que todo el pueblo sabe que la política actual en este país de mentira es una falacia, pero hasta ahí, todo mundo trata de acomodarse a las circunstancias (“dejar pasar, dejar hacer”).

La farsa se convierte en realidad a la cual los ciudadanos tienen que ajustarse, y las “autoridades” remachan más las tuercas para que esta se convierta en un statu quo estático, permanente, indefinido. De este modo, la población está siendo dirigida por un estado psicodélico cuyos hilos los maneja el “Hermano Mayor” que describe George Orwell en su novela “ 1984 ”. O sea que se está tratando de transformar la ficción en realidad en este país ahora surrealista.

¿Y los ciudadanos, qué? ¿Y los intelectuales? ¿Y la sociedad civil? ¿Y los empresarios? ¿Y las centrales sindicales independientes? ¿Y los partidos políticos que todavía quieren hacer algo por la nación, más que por ellos mismos? ¿Y la gran mentira del proceso electoral a culminar en noviembre del año en curso? ¿Podrá revertirse este proceso? ¿Se podrá hacer algo todavía para salvar la dignidad y prosperidad de la Patria? ¿Se podrán deponer los intereses personales y grupales mezquinos antes de que sea demasiado tarde?

No hay que olvidar que dentro de pocos meses se tirará una moneda al aire (que ojalá no sea igual en ambas caras): O democracia y libertad o la nueva monarquía que se presenta con la engañifa de ser socialista, cristiana y solidaria para engatusar a los incautos. El pueblo siempre debe tener la última palabra, por encima de todas las falsedades circundantes.

*El autor fue sindicalista cristiano.