El silencio de Ortega en la plaza

La gran sorpresa del último aniversario de la revolución sandinista la constituyó el discurso del presidente Ortega. Después de haber hecho juego de mucha coreografía, de imágenes de jóvenes que cantaban canciones muy bien ensayadas, y en donde la mano de expertos internacionales y nacionales en presentación de grandes eventos se hizo sentir.

La gran sorpresa del último aniversario de la revolución sandinista la constituyó el discurso del presidente Ortega. Después de haber hecho juego de mucha coreografía, de imágenes de jóvenes que cantaban canciones muy bien ensayadas, y en donde la mano de expertos internacionales y nacionales en presentación de grandes eventos se hizo sentir.

Después, de un lenguaje subliminal, de paz, amor, igualdad, justicia y libertad, que constantemente repetía la primera dama de la nación doña Rosario Murillo de Ortega.

Después, de la presentación de una serie de valores deportivos nacionales que se prestaron para apoyar la candidatura ilegal y anticonstitucional del primer magistrado de la nación, habló el caudillo sandinista.

El escenario fue monumental: miles de personas llevadas a la plaza desde la noche anterior, en buses y camiones, privados o pertenecientes a los diferentes organismos del gobierno y provenientes de todos los puntos de la República, lo que demostró una vez más, el grado de organización del orteguismo, su astronómica capacidad económica y su tendido nacional.

Todos los canales de televisión y de cables en cadena ya que el presidente hablaba a la nación en su más conspicuo acto partidario, y por supuesto, los altos mandos del Ejército, la Policía y los demás poderes del Estado.

Ortega habló recordando y haciendo énfasis en su aliado el presidente Chávez, haciendo un pequeño recuerdo de héroes y mártires, y por su puesto de su actuación durante la lucha revolucionaria.

Ortega habló para decirnos que no iba a tratar sobre su plan de gobierno ya que la campaña electoral no había comenzado, aunque todo el acto montado era una actividad inmensa de campaña política.

Ortega habló para mencionar muy brevemente a su compañero de fórmula, el general Halleslevens y le dedicó algunas palabritas a su actual vicepresidente Morales Carazo, pero la verdad es que Ortega no nos dijo nada.

Ortega calló, se presentó al gran espectáculo montado por él mismo, sin nada, mudo, sin mensaje y sin esencia, desnudo de principios, sin ideología y sin palabras.

¿Qué está pasando a todo esto? ¿Por qué el presidente Ortega en su más grande espectáculo de lo que va del año, enmudecen y no tiene nada en la mano? Con frases del Padre y Maestro mágico don Rubén Darío, se le puede decir: “La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?”

En un examen realista de la situación de Nicaragua, Ortega tiene todas las cartas en la mano. Un control absoluto sobre todos los poderes del Estado. Una obediencia ciega de todas las instituciones castrenses de la República. Una alianza muy estrecha con el alto capital nacional. Unas buenas notas con los organismos internacionales como el Fondo Monetario y Banco Mundial. Una oposición dividida, fragmentada e interesada en destruirse entre ella misma. Cargado de reales como nunca lo ha tenido ninguno de nuestros gobernantes. Con un pueblo callado y pasivo preocupado más que todo por su subsistencia, decepcionado de la clase política y que ve las próximas elecciones con apatía.

¿Por qué calla entonces Ortega? ¿Será la enfermedad de Chávez, que lo ha paralizado? Debemos de tener en cuenta que desde que Chávez llegó por primera vez a La Habana, de seguro Ortega supo de lo grave del estado de su homólogo venezolano.

La razón principal de Chávez de no aceptar la invitación de la presidenta brasileña para ser tratado en un hospital de ese país, que posiblemente tiene mayores avances tecnológicos que los que puede hallar en La Habana, es una sola. Chávez juega con un factor —la secretividad—, si su estado es crítico, se necesita tiempo, para arreglar las cosas y eso lo comparte tanto La Habana como Managua.

En el fondo se puede estar jugando una carrera a toda prisa, una carrera contra el reloj. Ortega, los Castro y Chávez lo saben y comprenden a fondo todo lo que eso implica. Con una elección a las puertas, nuestro presidente sabe que perder a su principal aliado sería una catástrofe difícil de superar. Sabe que tiene la fuerza, el dinero y el músculo político, para ganar o robarse la elección, pero después, ¿cuál sería su destino sin los petrodólares de Chávez?

El silencio, fue abismal, no dijo nada, si mi tesis es correcta, el presidente Ortega, está atrapado, como decimos en buen nicaragüense, “en la puerta del horno se le puede estar quemando el pan”. Por eso su silencio, por eso lo vacío de su mensaje. El tiempo nos dirá si yo tenía la razón o si Ortega nos jugaba con su silencio otra de sus pasadas.

El autor es abogado

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