En abril estuve por unas horas en Ecuador y desde un vehículo con altoparlante se difundía propaganda oficialista a favor del Sí en el referendo, usando palabras como: revolución, nacionalismo, lucha, clases, poder, entre otras.
Aprovechando mi corta estadía compré los principales diarios, entre ellos El Universo. Y lo que encontré fue un medio que con mucha valentía defendía la democracia y se oponía de forma crítica al Gobierno, denunciando sus torpezas. Aquel día la columna de Emilio Palacio señalaba con razón que dar el Sí implicaba dar carta libre a Rafael Correa para que se entrometa en la justicia.
Jamás imaginé que meses después este periodista, exeditor de Opinión, iba a ser sentenciado a tres años de prisión junto con los tres directivos de El Universo, y a pagar una millonaria indemnización.
Lo ocurrido en Ecuador es inadmisible porque coarta la libertad de opinión en todo su sentido. Los periodistas de América Latina estamos indignados y levantamos nuestra más enérgica protesta contra esta exageración y reacción desproporcionada del presidente ecuatoriano, que trata de silenciar a quienes piensan distinto o critican su régimen, oscureciendo la posibilidad de ayudar a la sociedad a tener una visión clara de la realidad política del país.
La libertad de expresión no solo es un derecho inalienable que permite criticar con absoluta libertad los errores cometidos por el gobierno de turno de un país, sino también la base del sistema democrático y un valor indiscutible de la sociedad moderna.
No es posible que la opinión libre sea penalizada, ni que se intente suplantar la búsqueda de la verdad por la censura. La libertad de expresión no es negociable, simplemente no tiene precio.
Ahora vemos que después de que el Sí triunfara en el referendo ecuatoriano, no solo hay claras presiones políticas al Poder Judicial, sino una vergonzosa intromisión a la libertad de prensa.
Las prácticas del gobierno de Correa son propias de una dictadura y se asemejan a las de otros países cuya ideología le hace mucho daño a América Latina.
Si realmente pretende restituir su convicción democrática, tan desgastada a lo largo de estos años, Correa debe retractarse de la demanda que impuso contra El Universo. El mandatario debe hacer una autocrítica sincera sobre los errores de su gestión y aclarar las dudas que aún quedan flotando desde aquel 30 de septiembre, día en el que se cometieron delitos de lesa humanidad.
Los periodistas y la sociedad civil exigimos respeto por las ideas. Esperamos que la sociedad ecuatoriana vigile este derecho, porque de lo contrario sería un penoso retroceso al pasado, y salir a las calles a protestar contra este tipo de hechos deleznables.
Quienes trabajamos en medios de prensa sabemos de antemano que nuestro principal compromiso con el ciudadano es informar con la verdad, aunque eso disguste o incomode a ciertos sectores del entorno gubernamental.
Aunque no se lo proponga, el presidente de un país siempre transmite un mensaje con su actuar a los millones de ciudadanos. Los políticos tienen el deber ético de dar el ejemplo. El primer paso para una educación cívica de calidad es que los políticos, y sobre todo el presidente, sean más tolerantes con las críticas que le puedan hacer los medios de comunicación. No podemos transmitir a las futuras generaciones el mensaje erróneo de creer que debemos bajar la cabeza ante una dictadura que irrespeta la Constitución y la democracia.
Sin la libertad de expresión, la sociedad está condenada a quedar enceguecida y vivir en un ambiente lúgubre para ejercer la democracia. Nuestros hijos deben heredar una sociedad capaz de defender su propia dignidad ante la vil amenaza de un gobierno que a costa de todo pretende callar a quienes lo critican.
El autor es periodista peruano
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