El origen de la Iglesia católica se encuentra en las palabras del mismo Jesucristo, expresadas por medio del Evangelio de Mateo (16,13-20), en el cual se dice: “Tu eres Pedro, o sea Piedra, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia que los poderes del Infierno no podrán vencer”. Desde entonces la Iglesia de Cristo ha sido perseguida y castigada de múltiples maneras. Y muchas veces le han causado daños severos pero al final “los poderes del Infierno” no la han podido vencer.
En Nicaragua es muy conocida la historia de las persecuciones sandinistas contra la Iglesia católica, en los trágicos años ochenta que el inolvidable Papa y hoy Beato Juan Pablo II calificó como “la noche oscura”. El FSLN en el poder hasta intentó sustituir la Iglesia católica con una nueva religión sandinista, usando los mismos símbolos del cristianismo. Pero fue tan rotundo el fracaso de aquella insensata aventura sandinista de los años ochenta, que cuando Daniel Ortega y el FSLN recuperaron el poder total en 2007 se podía esperar que no iban a reincidir. Sin embargo, la realidad ha demostrado lo contrario.
Ciertamente, desde que se inició el nuevo régimen de Daniel Ortega, en enero de 2007, la Iglesia católica comenzó a tener problemas con el Gobierno, por ejemplo con el subsidio a las escuelas parroquiales, el funcionamiento de los dispensarios y la recepción de donaciones externas con fines de caridad, lo cual está documentado en las publicaciones de los medios de comunicación. Del mismo modo se conoció que los obispos hicieron (y al parecer todavía siguen haciendo) esfuerzos para reunirse con Ortega y resolver los problemas mediante el diálogo, pero siguen esperando respuesta a su conciliadora solicitud.
La hostilidad del actual gobierno de Daniel Ortega contra la Iglesia católica se agudizó, después que los obispos criticaron y denunciaron el escandaloso fraude electoral perpetrado en los comicios municipales de 2008. Y llegó a su máxima intensidad a principios de mayo de 2009, cuando en una página electrónica oficial se publicó un documento difamatorio contra obispos y sacerdotes, en el cual se les acusó vulgarmente, sin razón ni pruebas de ninguna clase, de ser corruptos, pervertidos, borrachos, mujeriegos, padres de hijos ilegítimos, etc.
La Conferencia Episcopal pidió al gobierno de Ortega que clarificara el origen de aquel documento titulado “Relación entre la Iglesia y el Frente Sandinista”, publicado en la página web oficialista. Pero la pírrica explicación gubernamental que se hizo pública fue que un “hacker de lujo” habría filtrado el pérfido documento y que los medios de comunicación “de la derecha” y los políticos de la oposición querían desestabilizar al Gobierno.
Ahora el régimen de Daniel Ortega ha vuelto a escalar e intensificar su hostilidad contra la Iglesia católica de Nicaragua, al acusar a la Conferencia Episcopal de haber apoyado al somocismo y rendirle honores de “príncipe de la Iglesia” (o sea de Cardenal), al dictador Anastasio Somoza García, cuando su cadáver fue sepultado después de ser asesinado en septiembre de 1956.
En la historia está registrado y nadie lo puede borrar, que la Iglesia católica apoyó a la dictadura somocista cuando sus obispos de aquella época consideraban erróneamente que eso era lo correcto. Pero también registra la historia y nadie lo puede ocultar, ni siquiera o mucho menos Daniel Ortega, que la Iglesia católica se enfrentó posteriormente a la misma dictadura somocista y contribuyó a su aislamiento y derrocamiento. Y que se enfrentó a la dictadura sandinista, la cual fue peor que la somocista porque esta al menos nunca quiso destruir a la Iglesia católica y en cambio la dictadura sandinista sí la quiso liquidar y sustituir con una seudo-iglesia oficialista; lo mismo que otra vez el orteguismo quiere hacer en la actualidad.
Resulta que resulta fácil inferir que lo que incomoda a Ortega, no es que la Iglesia católica apoyara en el pasado a la dictadura somocista. Lo que le molesta es que la Iglesia no apoyó a la dictadura sandinista de los años ochenta y que ahora no apoya a la nueva dictadura orteguista. Ortega quisiera que los obispos fuesen como los pocos sacerdotes a los que ha logrado poner a su servicio, por medio de favores políticos y regalías. Pero esos religiosos orteguistas que han cambiado la cruz por el becerro de oro, no representan a la Iglesia católica (dignamente representada por los señores obispos de la Conferencia Episcopal), a la cual no han vencido ni podrán jamás vencer los poderes del Infierno.
Ver en la versión impresa las páginas: 8 A
