La cerveza arrebata

La próxima vez que alguien intente violar a una mujer lo único que tiene que hacer es tomarse un par de cervezas, y de antemano el hechor queda librado de toda culpa. Así se desprende de una peculiar sentencia de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, donde toda decisión judicial se dicta por razones políticas, para proteger o perjudicar a alguien, así se trate de un caso de violación, de una disputa de tierras, de un homicidio, de una estafa bancaria, o de un simple accidente de tráfico. “Por órdenes de arriba”, como se dice en la jerga consuetudinaria.

La próxima vez que alguien intente violar a una mujer lo único que tiene que hacer es tomarse un par de cervezas, y de antemano el hechor queda librado de toda culpa. Así se desprende de una peculiar sentencia de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, donde toda decisión judicial se dicta por razones políticas, para proteger o perjudicar a alguien, así se trate de un caso de violación, de una disputa de tierras, de un homicidio, de una estafa bancaria, o de un simple accidente de tráfico. “Por órdenes de arriba”, como se dice en la jerga consuetudinaria.

La sentencia de marras reconoce a la cerveza propiedades afrodisíacas legítimas, que el alegre rey Gambrinus, su legendario inventor, nunca hubiera imaginado; es decir, que un día la generosa bebida fuera a servir como justificante del acto de violación. No importa qué marca, basta con que se trate de cerveza, embotellada, de sifón, de barril, Lager o Pilsen, tomada a pico de botella, en vaso o en tarro, sus cualidades servirán para exculpar a los violadores, como en el caso de Farinton Reyes, un funcionario de la Dirección de Migración y Extranjería, acusado de mancillar a la jovencita Fátima Hernández. El hechor goza, nadie sabe por qué, de la más alta protección: los jueces supremos, con toda prosopopeya, han sentenciado que actuó “en estado de arrebato estimulado por la cerveza que había ingerido”.

Mucho se ha dicho antes a favor de la cerveza, como bebida refrescante y amistosa, y muchas loas publicitarias se han escrito a su favor: se la compara con la seda por su tersura y suavidad, o con las rubias, por su color. Pero a nadie se le había ocurrido inventar un lema que diga: “la cerveza que arrebata”. Los magistrados podrían cobrar regalías por la frase.

Hasta ahora, la mejor propiedad que se le atribuía es que siendo diurética hace orinar a chorros; pero causar arrebato sexual hasta el grado de la violencia para forzar a una mujer a hacer lo que no quiere, eso sí es una verdadera novedad. La inocencia del lúpulo y la cebada queda por los suelos, y pasan a la lista de los más agresivos excitantes. Pero he aquí el pero: vienen a ser excitantes legales, y por tanto excusables, de modo que estos tradicionales componentes de la cerveza no tienen de qué avergonzarse; la sabia jurisprudencia los protege.

Sí, el hechor cometió el delito de violación, reza la sentencia; pero es un delito excusable “sin previa planificación ni dolo, ya que según las atestiguaciones y pruebas del hecho, la víctima fue permisiva. Lo que hubo fue un exceso en el acto sexual”, sigue diciendo el tribunal. Y aún hay otra perla en esa sentencia, cuando establece que Fátima es “una víctima permisiva colaboradora”.

Se trata, por lo tanto, de una violación consentida. ¿Cómo? ¿Existe la violación consentida? ¿No es la violación un acto de fuerza, cometido contra la voluntad de la víctima? No, desde ahora existe la violación con permiso, gracias a la complicidad de la cerveza, y de los altos jueces. Y por añadidura, el robo consentido, el homicidio consentido, el desfalco consentido.

Caramba, eso sí que es novedoso. La próxima vez que alguien asalte su casa a mano armada, o lo despojen en la calle de lo que lleva encima, o le disparen para robarle el celular, con sólo que el hechor pruebe que se había tomado unas cuantas cervezas, ya se pasa a ser “una víctima permisiva y colaboradora”, porque el delincuente se encuentra en estado de arrebato. ¿Y qué puede hacer el pobre, frente al poder que las cervezas han ejercido sobre su ánimo, arrebatándolo?

¡Un exceso en el acto sexual! ¡Un arrebato! El marqués de Sade debe sentirse complacido desde la tumba que le sirve de cama. Los excesos, gracias a la cerveza, y a la sentencia, pasan a ser legítimos. Si la mujer se niega a los furores cerveceros de su agresor, el mismo queda autorizado para usar cualquier método excesivo, desde el palo y el látigo, las trompadas, las esposas en las muñecas… todo se vale. La víctima, frente al cañón de una pistola, o el filo de un cuchillo en el cuello, puede considerarse que ha sido permisiva y por tanto, lo que venga después no es más que consecuencia del exceso, o del arrebato.

Dice la Real Academia que arrebato es “el furor, o enajenamiento causado por la vehemencia de alguna pasión, y especialmente por la ira”. Pero también nos explica que arrebatar es la acción de quitar alguien por la fuerza y la violencia lo que no quiere dar o conceder. Pero qué culpa tiene el arrebato. La culpa es de la cerveza.

Desde que fue víctima de la violación, Fátima Reyes, una muchacha de escasos recursos económicos, emprendió de manera valiente y decidida una lucha bastante solitaria en los tribunales de justicia, con el respaldo de su familia, padres y hermanos, y de los organismos de derechos humanos y de mujeres; y no pocas veces se puso en huelga de hambre en plena vía pública, al punto de ser llevada al hospital ante su deterioro físico, todo para llamar la atención sobre las injusticias e ilegalidades que fueron marcando el juicio que al final perdió, porque al hechor queda ahora en libertad por medio de esa sentencia que al atropello de sus derechos de mujer ofendida, agrega el escarnio, porque las razones para exculparlo son torpes, pero no dejan de ser burlescas. Una sentencia cínica. Ahora, ella está decidida a seguir dando su batalla en los tribunales internacionales.

La Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, debo recordarlo, está compuesta por magistrados que siguen en sus puestos gracias a un decreto presidencial ilegal que prolongó sus períodos vencidos. Están allí como consecuencia del arrebato, pues se trata de cargos arrebatados.

El autor es escritor. Managua, agosto 2011.
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