Aún no estoy seguro de cuán estudioso es Omar Cisneros. Algunas de sus frases todavía son explosivas, muy controversiales y atractivas para la prensa, pero por lo general abordan temas conocidos y van en la misma dirección que hace varios años.
Sin embargo, el impacto que sus expresiones provocan a lo interno de los equipos de beisbol sigue siendo grande. Tienen fuerza. Producen cambios. Transforman realidades. De otro modo, no habría explicación para lo ocurrido en Estelí.
Cisneros fue nombrado mánager de Estelí el 4 de abril, justo cuando la tropa se había hundido. Había caído en diez de sus recientes trece juegos y mostraba balance global de 10-14, bueno para ser sexto en su grupo y obligar un cambio de timonel.
Justo ahí apareció Omar, botado del San Fernando, al que dejó con 12-3 instalado en segundo lugar. Y aunque a nadie en Estelí se le ocurrió que Cisneros haría transformaciones técnicas y tácticas en el equipo, se confió en que su arma, su palabra, sería capaz de motivar.
Y lo logró. El equipo tuvo 24-12 durante su estadía y avanzó a la siguiente etapa. Luego clasificó a semifinales y ahora se prepara para disputar el título con la Costa, algo en lo que quizá solo él creyó, y como lo creyó, pudo convencer a su tropa.
Mi punto no es decir que Omar no entienda de beisbol, como injustamente se le dice. Después de tantos años aquí y en Cuba, ha aprendido mucho. Más bien pretendo resaltar su habilidad natural para persuadir jugadores y motivarlos a dar el máximo.
Aún no hemos escuchado a Omar realizando análisis conceptuales profundos o construyendo brillantes argumentaciones, pero es evidente que sabe usar sus palabras y dicen que tiene a los jugadores de Estelí creyendo que son los Yanquis de 1927. Ya vamos a ver si es cierto. La Costa será un buen medidor.
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