Por Migdonio Blandón B.
Es deplorable que en Nicaragua no se le haya dado al rubro de la educación, la debida atención que su importancia amerita, ya que ella es de manera indiscutible el fundamento básico del orden necesario, para dentro de un auténtico Estado de Derecho y con una debida preparación, proyectar al pueblo el intrínseco desarrollo, con el que además de la subsistencia y la buena convivencia, sería base fundamental para el futuro de las nuevas generaciones.
Según datos oficiales del Mined en el país no hay más que 300 escuelas de secundaria a las que por distintas causas, del total de 1,770,000 niños y adolescentes actualmente matriculados, tiene acceso a la enseñanza secundaria un pequeño porcentaje, habiendo quedado más de un millón sin matricularse, por falta de maestros y locales, los que al faltarles el cupo adecuado, perdiendo su valioso tiempo, muchos caminan sin rumbo a engrosar la ignorancia.
El rubro de la educación debería ocupar lugar prioritario en el programa de gobierno de quienes por medio del orden establecido circunstancialmente asumen la responsabilidad administrativa del Estado. Por lo que los pueblos o personas que tienen plena conciencia del valor inapreciable de la educación, quienes la reconocen la cultivan, inclusive mediante sacrificios, para tarde o temprano en mayor o menor grado cosechar sus valiosos frutos.
De tales y valiosos frutos, cunden los ejemplos por generaciones. Dios, el omnipotente creador del universo, a los seres humanos dentro de la normalidad y de manera especial, al crearnos a su semejanza, nos ha dotado entre otros dones, en mayor o menor grado, del soplo divino de la inteligencia y viniendo en todos al nacer, va creciendo hasta adquirirse el innato raciocinio; y en el ambiente cultural que se desarrolla a voluntad propia, enrumba su destino.
Quizá sea la idea un poco confusa, al exponerla en lo general, dejando inconcluso el ejemplo mayúsculo y bien conocido del éxito alcanzado por ciertos países, como el de Finlandia y otros que debido a la importancia que han dado al rubro educacional, sin tener una riqueza potencial como la que de manera especial ha sido dotada nuestra patria. Ellos, utilizando el indiscutible valor de la educación, teniéndola como prioridad van a la vanguardia del progreso.
Es cierto que hemos quedado a la zaga y que a pesar de la tradicional generosidad de nuestro pueblo, quizá por la falta de los conocimientos adecuados, aún teniéndose la posibilidad de mejorar en gran parte el futuro del pueblo en general y sin faltar los medios indispensable, estos no sabiéndolos aprovechar se dilapidan; y conformistas dejan que otros hagan lo suyo, aceptándose incluso dictaduras retrógradas, que fomentando la ignorancia de ella se nutren.
Nuestra patria necesita mucho más que los regalitos que el Gobierno da a parte del campesinado. Con ello no se levanta el estancamiento en que la irresponsabilidad gubernamental, que con mínimas excepciones la han mantenido. Es cierto que faltan centros de enseñanza, pero gran parte de la juventud va invadiendo los campos de la tecnología; y ello será más temprano que tarde la revolución educacional que cívicamente dará la prioridad absoluta al meritorio rubro de la educación. Por ello parodiando a nuestro gran panida Rubén, decimos: Juventud, divino tesoro: con la ayuda de Dios, en ustedes está el futuro de nuestra patria.
El autor es miembro de ciudad de Dios y Redemptor Hominis.
El rubro de la educación, debería ocupar lugar prioritario en el programa de gobierno de quienes por medio del orden establecido, circunstancialmente asumen la responsabilidad administrativa del Estado.
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