Escenas de venganza

El director de cine vuelve a desnudarse ante el espectador en La piel que habito , su película número 18 y en la que, atravesadas por el código del terror, emergen sus obsesiones como el deseo o el dolor maternal.

Pedro Almodóvar LA PRENSA/archivo.

Mateo Sancho / EFE

El director de cine vuelve a desnudarse ante el espectador en La piel que habito , su película número 18 y en la que, atravesadas por el código del terror, emergen sus obsesiones como el deseo o el dolor maternal.

En La piel que habito —que se estrenará el 2 de septiembre en toda España tras pasar por el Festival de Cannes y los mercados francés y británico— el dolor de la pérdida de un hijo vuelve a ser, como en Todo sobre mi madre , uno de los detonantes del tapiz emocional tejido por el manchego.

Esta vez, en cambio, todo se filtra por la mente del psicópata que interpreta Antonio Banderas, el doctor Robert Legdard, quien pierde a su hija y también a su mujer.

En ese perverso universo que gira alrededor del quirófano en el que Antonio Banderas anestesia, disecciona y sutura una venganza que conviene no desvelar.

“El género negro, el noir, el thriller o el terror psicológico, me apasionan como espectador. Agradezco una película de Michael Haneke, que me hace salir desasosegado. El cine cada vez provoca menos ese tipo de sensaciones”, asegura.

La identidad de Almodóvar y su peculiar e imprevisible abordaje al deseo, no desaparecen tampoco en La piel que habito, pese a su sobriedad y su negrura.


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