Por Moisés Martínez *Buena
La nueva versión del Planeta de los Simios es una sorpresa no solo como éxito taquillero, sino como producción.
En estos tiempos rápidos, lejano se ve aquel clásico de la ciencia ficción, protagonizado por Charlton Heston en 1968.
Las siguientes secuelas a este filme no impactaron tanto como para formar parte de la memoria permanente del público.
Para rematar, en el único traspiés de su carrera, Tim Burton terminó matando la saga de los monos dominantes en el 2001, antes que esta renaciera.
La mejor forma que los grandes estudios han encontrado para renovar viejos productos exitosos, ha sido yendo directamente a la raíz del asunto.
Muchos han sido los intentos y pocos los éxitos. En este último grupo se encuentra Rise of the Planet of the Apes .
La clave de la cinta fue lograr analogías concretas a las películas originales y actualizarlas.
En la cinta de 1968 y sus secuelas, el hilo conductor era un mundo postcataclismo nuclear.
Con la Guerra Fría recogida en los libros de historia, esta vez le toca este papel a la amenaza de un virus mortal creado por el hombre.
Los nombres de los simios que lideran la revolución son los mismos de los primeros filmes. Hasta las especies siguen los mismos patrones: los gorilas son fuertes y aguerridos, los orangutanes son inteligentes y el líder es un chimpancé.
¿Y para las nuevas generaciones? Está James Franco ofreciendo una sobria y humana interpretación, el mejor uso de efectos digitales, en consonancia con la historia que he visto en bastante tiempo (para efectos especiales desperdiciados ya suficiente tuvimos con la saga de Transformers ), y Andy Serkis.
El trabajo de este actor merecería una columna aparte.
A los actores les incomoda mucho el usar disfraces digitales, por lo incómodo que resulta para ellos el traje, y los distintos tipos de sensores adheridos. Para Serkis es una nueva forma de arte.
Sorprendió con su Gollum de El Señor de los Anillos , y con el Planeta de los Simios da otro paso más en la búsqueda por lograr la perfección, entre lo histriónico y lo digital.
No deja de ser evidente la manufactura comercial y simplista de la película, además de unas pifias absurdas (como el diálogo a señas de dos simios); pero, su ritmo rápido y ligero hacen que no se repare en estos detalles, logrando convertirse en un producto de entretenimiento masivo de notable calidad.
Ver en la versión impresa las páginas: 7 B
