Una de las notas más destacadas en la celebración de las Fiestas Patrias, la semana pasada, fue la admirable demostración de valor cívico y coraje personal de los jóvenes que realizaron sus protestas pacíficas a pesar de la represión de la Policía y la guardia personal de Daniel Ortega.
En este orden, ante todo hay que destacar la acción del grupo de jóvenes de ambos sexos que desplegaron unas mantas con leyendas de protesta, frente a la tarima donde Ortega y su cortejo presenciaban el desfile estudiantil de Managua, el miércoles 14 de septiembre. Se requiere tener mucho coraje para presentarse a un evento político del actual Gobierno, en un número reducido de personas aunque muy representativo de los sentimientos de la nación, y exponerse a que las fuerzas represivas del régimen los ultrajen físicamente. De manera que quienes participan en esas demostraciones cívicas merecen la admiración, el reconocimiento y el respeto de toda la ciudadanía democrática de Nicaragua.
Las acciones de estos jóvenes —quienes pertenecen a movimientos como el N2.0, Pedro Joaquín Chamorro, Resistencia Juvenil por la Dignidad Nacional (Rejudin), Mesa de Concertación Democrática, Nicaragua Nicaragüita, Unión de Estudiantes de Secundaria, y otras— son absolutamente cívicas, pacíficas y testimoniales. Sin embargo, siempre son agredidos y golpeados por agentes de la Policía, miembros del cuerpo de protección personal de Daniel Ortega y turbas oficialistas.
A quienes pertenecieron a las generaciones de nicaragüenses que lucharon contra la dictadura somocista, o la soportaron, y a los que conocen la historia de la lucha por la libertad y la democracia en Nicaragua, estos muchachos que protestan con tanta valentía contra los abusos del régimen orteguista les hacen evocar a los jóvenes de 1944, que protagonizaron las primeras manifestaciones callejeras contra la dictadura de Anastasio Somoza García; así como a los que en 1966 y 1967 integraron los comités de Ciudadanos de Vigilancia Electoral y Defensa del Sufragio (Cives), creados por la Unión Nacional Opositora (UNO) que enfrentó electoralmente a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle.
Inclusive, estos jóvenes que protestan en la calle y a pecho descubierto contra el régimen orteguista, son tan valientes como los jóvenes del FSLN y otras organizaciones revolucionarias y patrióticas que lucharon en la clandestinidad y en las montañas, armas en mano, contra la dictadura somocista; y como los que después, en la Contra, combatieron a la dictadura sandinista que sustituyó a la somocista. Realmente, el mismo valor que se requiere para irse a la lucha armada por la libertad, se necesita para luchar por la misma causa de manera cívica, contra un régimen de vocación represiva y dictatorial. Y en ambos casos, la lucha la empiezan unas pocas personas pero siempre termina con la participación de multitudes.
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