Por Ramón H. Potosme
Decenas de feligreses católicos del municipio de La Concepción abarrotaron cuatro buses para postear al asesino confeso Yasker Blandón, y le gritaron a su salida de los juzgados capitalinos que lo perdonarían si dejaba el miedo y dijera la verdad.
Según ellos, no es posible dar toda credibilidad a la historia de Yasker Blandón, al asesino del sacerdote Marlon Pupiro García.
A petición del abogado acusador, Francisco Fletes, la Fiscalía ordenó a la policía ampliar la investigación sobre el caso con más entrevistas y revisiones a través de las empresas de telefonía celular, sobre detalles de las llamadas recibidas por la víctima.
El sobrino de otro sacerdote asesinado, según él, en circunstancias parecidas, Enrique Sandoval, llegó al sitio de la protesta y tomó la palabra. Ahí cuestionó porqué la familia presidencial no se pronunciaba en contra del asesinato de Pupiro.
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“Asesinos, asesinos, cobardes”, gritaban los seguidores que rechazan la versión de que Blandón es el único implicado.
“Seguiremos exigiendo hasta saber la verdad. Agradezco al pueblo concheño que ha estado desde el primer día de su desaparición. No permito que me lo saquen y me le hagan exámenes… veremos después, pero primero que agoten los medios de investigación”, dijo Maria Lesbia Pupiro, hermana del sacerdote sobre la posible exhumación del cadáver.
Los familiares del sacerdote, asesinado el pasado 20 de agosto, no confían en las autoridades del Instituto de Medicina Legal por lo que solo considerarían la exhumación del cadáver si llegara un equipo de forenses extranjeros.
DUEÑO DE RESTAURANTE
Entre las pancartas que entraron hasta la sala de juicios se leían frases como “Investiguen a Ballesteros”. Carla Cruz, junto a la exaltada congregación, llamó la atención de por qué Aníbal Ballesteros, dueño del restaurante La Borgoña, visitaba al asesino.
Aunque el caso no ha sido cerrado, el local donde fue supuestamente interceptado Pupiro, hoy abrirá nuevamente sus puertas.
A mediodía las protestas se trasladaron al kilómetro 14 de la carretera a Masaya, donde cerraron el tráfico de manera intermitente durante una hora.
Tras ellos iban tres motorizados, ninguno con placa. Cuando fueron advertidos por los pobladores, estos los rodearon, uno de ellos tuvo que dejar el vehículo para salir del sitio. Una policía de tránsito mostró la identidad del motorizado como policía de línea, código de placa no legible y de nombre Frankling Alberto Picado Pérez.
A su regreso a La Concepción, los manifestantes lanzaron morteros al restaurante y dijeron que no dejarán que se reabra.
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