AFP
El cuestionado mandatario yemení, Alí Abdalá Saleh, regresó a su país tras una ausencia de más de tres meses, en medio de un nuevo viernes de violencia que dejó al menos 25 muertos en la capital, Saná.
El presidente, en el poder desde 1978, llamó en vano a una tregua en los combates entre sus partidarios y sus detractores. “No hay más solución que el diálogo y las negociaciones para poner fin al derramamiento de sangre y llegar a una solución”, dijo.
Saleh había sido hospitalizado en Arabia Saudita después de haber resultado herido el tres de junio en un ataque contra su palacio en Saná el 3 de junio.
Estados Unidos instó a Saleh, quien se aferra al poder, a pesar de la protesta popular, a “emprender una transición completa”, y a organizar una elección presidencial “antes de fin de año”. Además condenó “el uso de la fuerza” contra los manifestantes.
Francia pidió al presidente que emprenda rápidamente el plan de salida de crisis propuesto por las monarquías del Golfo que hasta ahora se ha negado a firmar, con el fin de “permitir una transición pacífica y ordenada del poder”.
La situación se calmó momentáneamente por la tarde, pero al anochecer se reanudaron violentos combates, sobre todo en el centro de Saná. Pasada la medianoche, al menos cinco manifestantes murieron en un violento ataque lanzado por el Ejército yemení con diferentes tipos de armas y con obuses contra la plaza del Cambio de Saná, donde acampan desde finales de enero los manifestantes que reclaman la salida del jefe del Estado, indicaron testigos y una fuente médica.
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