“Dónde está el hombre nuevo”

Su hoja de vida es intensa, más de 40 obras de teatro, una veintena de documentales y películas que se han presentado en festivales y temporadas en Panamá, Nicaragua, Guatemala, España, México y Francia.

«Estamos en un sistema de exhibición y distribución diseñado para las películas norteamericanas. Es una guerra desigual».

 

Por Marta Leonor González

Reconocido por sus colegas como pionero del cine en su país, lo llaman “el papá del cine en Costa Rica” debido a su constancia durante más de tres décadas como director, productor y actor.

Su hoja de vida es intensa, más de 40 obras de teatro, una veintena de documentales y películas que se han presentado en festivales y temporadas en Panamá, Nicaragua, Guatemala, España, México y Francia.

Oscar Castillo todavía cree en las utopías y lo refleja en su reciente película El compromiso una cinta coproducida entre Costa Rica y Argentina, recreando una historia de amor y esperanza, la vida de Federico interpretado por Rubén Pagura y Germán (Rodrigo Durán), dos amigos que durante su juventud se enfrentaron a las dictaduras. Germán pinta cuadros en torno a su nostalgia por una revolución que no fue y al dolor por su esposa fallecida. Su razón de vida es Daniel, su hijo, quien representa en el filme la esperanza. Federico, por otro lado, se ha convertido en productor de comerciales, pero sigue anhelando realizar el filme de sus sueños. Debido a una enfermedad de Germán, este personaje deberá decidir si aferrarse a su determinación de no tener hijos o tenderle la mano a Daniel.

“Ambos relatos traen mensajes de la reconstrucción del hombre nuevo. El compromiso es una película que apela al corazón y a los sentimientos, a lo mejor del ser humano”, explica su director.

¿Cómo reacciona cuando le dicen que es “el papá del cine en Costa Rica”?

Ramiro Lacayo dice que soy el papá del cine en Costa Rica y el abuelo del cine centroamericano (risas), porque tengo muchos años de estar en esto. Soy de los pocos que se ha mantenido en esto tratando de sobrevivir, haciendo películas de largometraje.

¿Cómo llega al cine? ¿Qué le motivó?

Era actor y director de la Compañía Nacional de Teatro. Un día haciendo una obra de teatro que se llamaba Comedia negra , empecé a ver la obra de teatro desde otras perspectivas, no la frontal del teatro clásico, sino desde los personajes y los actores, me di cuenta que el cine tiene esa extraordinaria particularidad de ver la vida objetivamente desde muchos ángulos, desde muchas aristas. Una de las cosas que más me llama la atención y me pasó en el cine es precisamente que normalmente hablamos del lente de la cámara, pero el verdadero nombre no es lente, sino objetivo de la cámara porque objetivisa la realidad, la separa, la establece y la fija como una fotografía, eso permite que uno pueda contar una historia ahondando en particulares sentimientos.

De sus películas ¿cuál es su obra maestra?

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La insurrección, Fray Bartolomé de las Casas, La segua (Coproducción con México).

Eulalia, Mujeres apasionadas y Asesinato en el Meneo El Barrio, La Plaza, La Zaranda y La Pensión, series de televisión

Director de más de 40 obras entre clásicos, dramas y comedias.

Ha interpretado alrededor de 50 personajes, entre ellos: Segismundo, de La vida es sueño, Calderón de la Barca; Arturo Ui, de Bertold Brecht; Emperor Jones, de Eugene O’Neill, entre otros.

Premio: Medalla de Bronc en el New York Film Festival, Hipólito y sus amigos (Alemania), Nicaragua: Patria Libre o Morir (premios Palma de Oro y en el Festival Int. de Moscú), El Salvador Vencerá (Premios: Gran Coral, Caimán Barbudo, Festival de La Habana, Palma de Oro, Festival Int. de Moscú), Costa Rica: Parques Nacionales.

Alsino y el Cóndor fue una coproducción con Nicaragua, nominada al Oscar de Hollywood Cuba-México-Costa Rica.

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La última, uno siempre va acumulando y haciendo que la última sea la especial, esa es la más cercana.

¿ El compromiso cuestiona a aquellos que se olvidaron de los ideales humanitarios?

Habla de la construcción del hombre nuevo, por eso el compromiso es con ese niño de la película, ya que hay que seguir educando, creando, alimentando valores positivos para una vida más justa y solidaria, parecen temas muy viejos pero hoy en día a la gente no le interesa hablar de eso, pero si uno ve la realidad, hay que preguntarse cómo estamos con respecto a aquellos años, no hay ese compromiso, estamos bombardeados por una sociedad globalizada, donde cada uno juega para sí, donde nos han hecho creer que la sociedad debe caminar a base de ganadores y perdedores. La crisis económica del 2008 liquidó 50 millones de empleos en el mundo, eso es liquidar las esperanzas, los sueños de muchas familias, muchos millones de seres humanos sumidos en una tragedia.

Ya no somos ciudadanos ni personas, somos consumidores, nos han convertido en eso y aceptamos que se nos trate como tal, por eso la película inicia con ese verso de Darío: “Sobre el dolor de la vida consciente”. Creo que hace falta una reflexión sobre la vida, sobre las ideas, sobre todo lo que está pasando, estamos sumergidos en ese mundo del consumismo y cada día es mayor el egoísmo en el mundo.

¿En la película toca la guerra como una herida abierta para Centroamérica?

Es tocada como una referencia, precisamente es una reflexión que debemos hacernos, sobre todo en este país en víspera de elecciones, ¿por qué es la guerra? y que se haga a profundidad, ¿cuál es el resultado de esa guerra?, hay miles de justificaciones para justificar lo injustificable, pero la razón profunda es dónde está el hombre nuevo.

¿Los jóvenes ven con apatía las luchas sociales en parte porque los compromisos fueron incumplidos, los ideales se traicionaron?

La idea de la película es provocar esa reflexión, será que el ser humano no tiene derecho a soñar con estas utopías porque además son seres humanos codiciosos, imperfectos, llenos de egoísmo y sin capacidad de comprometerse por amor a los otros. Como dice unos de los personajes: todo empezó cuando aceptamos que a los jefes se les llevara los huevos, la leche, todo a la casa, mientras los demás hacían fila para conseguir la comida. Es una llamada al cambio. Hay que establecer compromisos para cambiar, sin esto la vida no tiene sentido y quienes lo pueden hacer son los jóvenes.

¿Cómo le nació escribir el guión de su cinta?

Empecé por adaptar un cuento de Sergio Ramírez que trata de un hombre que veía películas antiguas en blanco y negro y que viendo una de las películas descubre a su madre y a su padre de extras, a partir de ahí inicia la trama, inicié a hacer la adaptación, pero no lo logré y le dije a Sergio: “Lo siento, no es lo que quiero”. Luego me di cuenta que en esa visión hacia el pasado, lo que quería era un conflicto individual, pero con algo más profundo y social, así empecé el guión de El compromiso .

¿Cómo se percibe el cine de la región fuera de Centroamérica? ¿Nos miran?

Bueno, es que no nos miran ni en Centroamérica (risas). Cada país tiene una gran desconfianza por lo que hace el otro, en Centroamérica estamos movidos por la desconfianza hacia el otro. También el público no prefiere lo producido por sus países, prefiere lo de fuera.

 

Oscar Castillo, cineasta.

¿Qué tal fue recibida su película en Costa Rica?

La aplastaron. Le cayeron los grandes distribuidores con películas de grandes presupuestos y la sacaron, la gente está entregada a ese otro cine, pero ahora la vamos a reestrenar en Nicaragua, va a El Salvador y se estrena el 28 de octubre en una función especial con el Ministerio de Cultura con invitados especiales. Ya la vieron por allá algunos y creen que la película puede incitar a una discusión pendiente, sobre todo en un país en transición y también será puesta en los cines. En Nicaragua estará en los cines hasta el seis de octubre.

¿Qué costos han pagado los directores de cine en Centroamérica?

En realidad nada, porque todavía se hacen películas muy chiquitas, una película nuestra puede costar 200 mil dólares, eso suena una fortuna, pero en términos cinematográficos eso no significa gran cosa. Normalmente ha habido mucha libertad creativa y esos costos se verán cuando los grandes distribuidores presionen sobre el tipo de cine que quieren.

EN NICARAGUA

¿Cómo fue su llegada a la película La insurrección?

Sergio Ramírez había establecido una amistad con Peter Lilienthal y con Antonio Skármeta y en un momento dado, ellos estaban en Alemania, aparecieron diciendo que deseaban una película con un tema determinado. Se buscó hacerla en Costa Rica o México, pero yo les dije que había que hacerla en Nicaragua, nos reunimos en León y la echamos a andar, es una película de una fortaleza extraordinaria.

Así hace 30 años fui actor y coproductor de la película La insurrección , la hicimos en León en 1979.


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