Por Wilder Pérez R.
Tres de cada cuatro personas que pertenecen a las Pemar (Poblaciones en Más Alto Riesgo al VIH y Sida) han sido rechazadas por la comunidad, dos de ellas por la familia, una por la Policía, y cualquiera tendría problemas con los sistemas de salud pública, educación o en el trabajo.
Estos son los resultados de un estudio realizado por el Programa para Fortalecer la Respuesta Centroamericana al VIH (PASCA), de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID).
Según el informe, las Pemar sufren mayor “estigma y discriminación” por parte de la comunidad, el hogar y la Policía, y en menos medida del personal de la salud, educación y centros de trabajo.
Las Pemar son las personas de diversidad sexual, es decir, las trabajadoras del sexo, transexuales, homosexuales y parte de las que viven con el VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) y sida.
Como consecuencia, las Pemar enfrentan limitaciones cuando buscan acceso a la educación, crédito, trabajo y justicia, por ejemplo algo tan simple como cambiarse de nombre por la vía legal.
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