El 25 de septiembre se cumplieron 54 años de la fundación del socialcristianismo en Nicaragua. Los socialcristianos nacimos con una misión precisa: producir cambios en nuestra Patria y vaya si lo hemos logrado.
Nuestras acciones derivaron en una nueva forma de hacer política y hemos influenciado de manera decisiva en hechos que han sido verdaderos hitos para ayudar a construir una democracia plena y justicia social.
Los líderes estudiantiles socialcristianos impulsaron a través del Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN), la primera Unión Nacional Opositora (UNO) para luchar contra Somoza en 1967 integrada por el Partido Liberal Independiente (PLI), Partido Conservador de Nicaragua (PCN) y Partido Social Cristiano (PSC). Como resultado de esta unidad opositora fueron electos dos parlamentarios que protagonizaron épicas batallas por la democracia en el Congreso Nacional de aquel entonces: los doctores Orlando Robleto Gallo y Eduardo Rivas Gasteazoro, ambos fundadores en 1957, del Socialcristianismo en Nicaragua.
En las duras jornadas sindicales contra el somocismo surgió la figura de Manolo Morales, abogado de los trabajadores que llevaron a cabo las combativas huelgas de la salud que sacudieron al somocismo. Manolo también defendió a los trabajadores de la mina de Santa Rosa del Peñón donde ocurrió el asesinato atroz de la dirigente sindical embarazada Lidia Maradiaga. Los socialcristianos fuimos además los impulsores y protagonistas de la lucha por la defensa de los derechos humanos que tuvo un tremendo impacto contra el somocismo en los años 70 y 80. En los 80 fuimos impulsamos la lucha porque se cumplieran los objetivos básicos de la Revolución que se fundamentaban en el pluralismo político e ideológico, la economía mixta el no-alineamiento internacional y el respeto a los derechos humanos.
Amigos personales y compañeros político-ideológicos de Vinicio Cerezo, presidente de Guatemala y creador del Plan de Paz de Esquipulas para Centroamérica y de Napoleón Duarte, presidente de El Salvador, fuimos testigos directos con presencia y aporte de los esfuerzos por pacificar Centroamérica que finalmente se plasmaron en los acuerdos de paz. Este condujo a la creación de la Comisión de Reconciliación en Nicaragua donde dos socialcristianos representamos a todos los partidos políticos del país. Al final esto se concretó en un Diálogo Nacional donde de nuevo los socialcristianos fuimos protagonistas y que al final concluyó entre otros acuerdos en el adelanto de las elecciones de 1990 que dio el triunfo democrático a doña Violeta Barrios. Precisamente en la década de los 90 los socialcristianos fuimos en la Asamblea Nacional pieza clave en las negociaciones y acuerdos que condujeron a la institucionalización del Ejército y Policía que pasaron de ser instrumentos de un partido a instituciones nacionales que hoy son ejemplo para América Latina y el resto del mundo.
En este aniversario que casi se celebra en el olvido por las dolorosas divisiones sufridas en el pasado debemos de aprender de los errores cometidos y darnos cuenta que aún estamos en deuda con Nicaragua y buscar, aunque parezca romántico, reunir de nuevo a todos los pescaditos dispersos. Aún no es hora de arriar la bandera socialcristiana.
El autor es dirigente histórico socialcristiano.
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