Apropósito del asesinato atroz del padre Marlon Ernesto Pupiro García la población nicaragüense junto a los sacerdotes de la Arquidiócesis de Managua continúan exigiendo el esclarecimiento de este delito por el cual solamente tiene a una persona detenida en medio de grandes interrogantes y vacilaciones de parte de las autoridades que han investigado el caso.
Para ahondar en este mar de dudas la Policía Nacional arrestó a Alberto Conde, hermano menor del vicario de la Catedral de Managua, padre Bismarck Conde. Conde, quien fue capturado con lujo de violencia y golpeado por sus captores en flagrante violación de los derechos humanos y constitucionales, fue puesto en libertad poco después porque no hubo acusación contra él.
Al respecto el vicario pastoral de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Miguel Mántica afirmó “que la Policía oficiosamente se dio a la tarea de investigar las amenazas de muerte a los sacerdotes, sin aclarar algo muy importante, el crimen del párroco de La Concha, Marlon Pupiro, añadiéndole más incertidumbres al caso”.
Por otra parte, vimos como fue ultimado por asfixia el hermano del abogado Manuel Urbina Lara, después de la comparecencia en su programa radial de miembros del Movimiento de Católicos por la Dignidad del Padre Pupiro (MDPP) de La Concepción, Masaya. Respecto a este otro asesinato yo pregunto: ¿qué se esconde en este caso? ¿Quiénes son los verdaderos culpables de este crimen?
La Iglesia seguirá las pistas para que aparezca la verdad y como decimos los católicos: “Justicia pero con la sinceridad del caso, que no apañen a los autores intelectuales del delito”.
Un día antes de aparecer el cadáver del padre Pupiro me llamaron varios colegas periodistas para decirme que el sacerdote andaba en una aventura amorosa, que eso les habían comentado altos mando policiales. Yo inmediatamente les respondí que eso no era posible, que la Policía estaba mintiendo. Los colegas me hablaron del restaurante La Borgoña y del motel Kasandra, pero les dije que la Policía estaba ocultando la verdad. Al día siguiente nos dimos cuenta de la muerte del padre. Desde ahí vimos la mala fe en manejar el caso de fuentes policiales.
El obispo de Granada, monseñor Jorge Solórzano, dijo que esto “es un ataque a la Iglesia católica para que los obispos y sacerdotes tengamos miedo, pero eso no lo van a lograr, yo me sumo a las peticiones de los pobladores y familiares del padre Pupiro quienes quieren la verdad en este asesinato. No podemos permitir que este caso sin resolverse, por el bien de Nicaragua y de la sociedad”, comentó.
En realidad, mientras no resplandezca la verdad y se conozca a los autores intelectuales de este crimen seguiremos especulando y nadando en un mar de dudas e interrogantes: ¿Cómo pudo actuar solo su supuesto asesino Yasker Blandón Torres, si es un hombre de estatura pequeña, delgado y padeciendo una hernia, mientras que el padre Pupiro era un hombre recio y de mucha más estatura. ¿Cómo metió el cadáver a la camioneta? ¿Por qué siempre hubo confusiones entre los dictámenes de Medicina Legal y la Policía?
Lo que está a la vista de los nicaragüenses que en este caso hay intereses creados para no resolverlo. Lo otro es que ahora los crímenes políticos los hacen parecer como delitos comunes y la Policía pareciera estar desesperada por callar las voces que seguiremos exigiendo el esclarecimiento de este asesinato. Los policías deben de acordarse que ellos comen de los impuestos que el pueblo paga. ¡Que Dios bendiga a Nicaragua! La autora es periodista
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