Uno de los más notorios dirigentes del partido oficialista FSLN, el señor Tomás Borge Martínez, ha dicho en una declaración pública que es “absurdo, ilógico, estúpido e idiota” creer que su partido esté detrás de las amenazas contra los obispos y sacerdotes de la Iglesia católica de Nicaragua. El que fuera poderoso ministro del Interior de la dictadura sandinista de los años ochenta, y por lo tanto jefe superior de la tenebrosa Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE), asegura que las amenazas contra los religiosos católicos provienen de la derecha y tienen el propósito de perjudicar la campaña electoral del FSLN.
La historia y la práctica siempre han demostrado que tanto los extremistas de derecha como los de izquierda, se distinguen precisamente porque no son racionales, lógicos, sensatos ni inteligentes. Y por lo consiguiente, los regímenes dictatoriales en sus diversas variantes, de izquierda o de derecha, cometen cualquier clase de tropelías y crímenes sin razón ni necesidad, solo por causar el mal y hacer daño a los demás.
Por cierto que no es precisamente una prueba de racionalidad, sensatez e inteligencia, declarar por medio de una cadena internacional de televisión que “todo puede pasar aquí menos que el Frente Sandinista pierda el poder”, que “podemos pagar cualquier precio, digan lo que digan, lo único que no podemos perder es el poder; digan lo que digan, hagamos lo que tengamos que hacer, el precio más elevado será perder el poder ”
Cabe recordar que el 19 de octubre de 1984, el sacerdote católico polaco Jerzy Popieluszko, párroco de la iglesia de San Estanislao de Kotska, en Varsovia, fue secuestrado por tres desconocidos. Su cadáver en estado de descomposición lo encontraron tres días después, en el fondo de una represa del río Vístula, cien kilómetros al norte de Varsovia. Imperaba entonces en Polonia el régimen comunista de Wojciech Jaruzelski, quien hacía esfuerzos por aplacar a la oposición democrática liderada por Lech Walesa y el sindicato Solidaridad y trataba de mejorar las relaciones de su gobierno con la Iglesia católica.
En toda Polonia se acusaba al régimen de Jaruzelski por el asesinato del padre Popieluszko, pero el régimen lo negaba y aún en las filas de la oposición había quienes no creían que los gobernantes comunistas fuesen tan estúpidos e irracionales, como para cometer semejante barbaridad que solo los perjudicaba. Hasta que el 27 de octubre, ocho 8 días después del asesinato del padre Popieluszko, la policía presentó a un capitán de la seguridad del Estado llamado Grzegors Piotrowski, quien declaró que él había matado al sacerdote por su propia cuenta, ayudado por dos de sus camaradas de partido.
El padre Jerzy Popieluszko, quien ahora es un beato de la Iglesia católica, siempre terminaba sus homilías aconsejando a sus feligreses que “tenemos que vencer al mal con el bien”. Y sucedió que seis años después el régimen del mal, o sea la criminal dictadura comunista del general Jaruzelski, fue derrocado por el pueblo.
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