Ayer el excanciller argentino Dante Caputo, como jefe de la Misión de Observación Electoral de la OEA, presentó al Consejo Permanente de ese organismo su informe sobre las elecciones realizadas aquí el pasado 6 de noviembre.
No hubo sorpresas en el sentido de que el señor Caputo repitió lo que había dicho aquí ese mismo domingo a las dos de la tarde en conferencia de prensa, en la que hizo saber que el acuerdo que el organismo había firmado con el gobierno de Nicaragua no se había cumplido y que el trabajo de observación no se había podido realizar a cabalidad por los obstáculos que pusieron los funcionarios electorales en las JRV.
“Expresamos nuestra seria preocupación por el incumplimiento del acuerdo de procedimiento. Los hechos derivados de este incumplimiento han impedido llevar adelante plenamente los objetivos de nuestra misión”, dijo Caputo, quien también destacó el grave problema de la partidarización de todo el sistema electoral, las limitaciones impuestas a los fiscales opositores y el grave problema de la cedulación.
La respuesta de Nicaragua, a cargo de su embajador ante la OEA, Denis Moncada Colindres, fue que “tomaban nota de las recomendaciones” y que como todo proceso, el vivido en Nicaragua es perfectible.
Para quienes tengan una limitada visión de los procesos electorales esa excusa puede ser aceptable, pero la verdad es que las elecciones se pueden hacer bien si se quiere, sobre todo cuando la mayoría de los problemas se originan por la partidarización del sistema electoral, algo que se ha señalado en las recomendaciones de la OEA desde hace más de 10 años y que no se ha cambiado porque lo que los partidos —FSLN y PLC en su momento, y ahora solo el FSLN— simplemente quieren es tener un control partidario del poder electoral. Un poder electoral partidarizado no es un accidente en Nicaragua, es que así fue diseñado.
Para poner las cosas en perspectiva veamos cómo otra Misión de Observación Electoral de la OEA informó al Consejo Permanente. Se trata del referéndum constitucional realizado en Paraguay el 9 de octubre. Paraguay es un país con escasamente medio millón de habitantes más que Nicaragua y con un PIB per cápita cercano al nuestro, aunque, claro, superior.
“El proceso electoral se desarrolló con total calma y normalidad. Se garantizó la presencia de las fuerzas de seguridad en la mayoría de los recintos electorales, los que a su vez fueron debidamente habilitados para que los ciudadanos pudieran ejercer su deber cívico, y no se reportaron incidentes relacionados con el proceso electoral”, cita el informe presentado hoy al pleno del Consejo, que además destaca “un rápido conteo de los resultados y una pronta transmisión de los mismos”.
Como se ve, una buena elección sí la puede realizar un país pobre y pequeño. Todo lo que se requiere es una firme voluntad democrática y no la voluntad autoritaria que impera aquí.
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