EFE
Como si se tratara de un “déjà vu”, la Junta Militar egipcia parece caer en los mismos tropiezos que llevaron a la caída de Hosni Mubarak en febrero, y su demora en responder a las demandas de la plaza Tahrir ha arrastrado al país a un callejón de difícil salida.
No hubo zapatos al aire como cuando Mubarak anunció que seguía en el poder el 10 de febrero —solo un día antes de dimitir—, pero la reacción de la plaza ante el discurso la noche del martes (hora local) del mariscal Husein Tantaui, quien se comprometió a celebrar las elecciones generales antes del 30 de junio, fue sorprendentemente similar, y el dictamen de la plaza sigue siendo el mismo: “Fuera”.
Remató su discurso con una extremadamente ambigua oferta de convocar un “referéndum popular” para abandonar inmediatamente el poder “si lo situación así lo requiere”.
Las palabras del joven Ahmed Gharib en Tahrir resume de forma nítida la sensación predominante: “Si Tantaui hubiera pronunciado ese mismo discurso hace tres días, la situación sería diferente”.
Ahora, con 33 muertos —considerados “mártires” por los activistas— sobre el tapete, el enconamiento hace complicado vislumbrar un final para la protesta.
Ahmed Maher, el líder del Movimiento 6 de Abril, germen de las protestas que acabaron con la presidencia de Mubarak, consideró en declaraciones al diario Al Masry al Youm, que “las palabras de Tantaui no responden a las demandas; el discurso es igual a los de Mubarak en sus últimos días”, cuando cambió de gobierno, expresó que no iría a la reelección, y un día antes de su caída, cedió parte de sus poderes al recién nombrado vicepresidente Omar Suleimán.
Ahora, si la Junta Militar cediese el poder a una autoridad civil como reclaman los manifestantes, no está claro quién podría asumir el mando y qué legitimidad le otorgaría Tahrir y el conjunto del país.
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