Alineamiento le llaman los astrólogos cuando la Tierra está en línea con dos planetas del sistema solar. Este fenómeno celeste se ha considerado siempre un buen augurio para los terrícolas.
Sirva este símil para abordar un fenómeno sociopolítico actual en Nicaragua y quizás por primera vez. En este alineamiento coinciden como elementos fundamentales el pueblo nicaragüense, en cuya conciencia se ha despertado una gran confianza en el voto personal; la jerarquía católica, que a falta de líderes políticos confiables, los prelados animaron al pueblo a votar masivamente y sin temores en las elecciones del 6 de noviembre, al margen de partidos y de figuras políticas desgastadas por la incapacidad; y un dirigente popular surgido del pueblo llano, forjado en una vida de honestidad y trabajo, que logró concitar a su alrededor a una gran masa de votantes, que demandan un cambio radical en la historia patria.
Este 6 de noviembre los nicaragüenses demostraron su fe en el voto personal, sin compromiso con partidos políticos desprestigiados. La concurrencia a las urnas electorales fue desbordante. Las maniobras tenebrosas del Gobierno fallaron en sus intenciones. De manera que más que un robo vulgar de las elecciones, largamente preparado y bien pensado, no fue la solución esperada por el orteguismo. No hubo fraude electoral, hubo un asalto descarado al derecho al voto de los nicaragüenses.
Aunque las constituciones de este país dicen que el pueblo es soberano, eso nunca fue cierto hasta el pasado 6 de noviembre, cuando dos millones de ciudadanos eligieron presidente de Nicaragua a un nuevo dirigente de la democracia nacional: Fabio Gadea Mantilla.
No es la solución repetir las elecciones porque no lo permitirá la dictadura orteguista; pero el gobierno no podrá impedir que dos millones de gargantas en todo el país griten en forma sostenida: ¡Fabio sí, Ortega no! hasta rescatar el poder de los votantes.
La Policía tendrá que definir su destino: se convertirá en una guardia somocista cómplice y violenta; o recuperará su naturaleza civilista bien demostrada en las administraciones democráticas, cuando era muy común que los policías, con sus uniformes y sin armas participaban y bailaban con los ciudadanos en las fiestas de beneficencia.
Los millones de votantes que eligieron a Fabio Gadea Mantilla deben acuerpar a su presidente todo el tiempo necesario: llenando plazas, denunciado constantemente, protestando con civismo y en silencio, desapareciendo de las calles y permaneciendo en protesta permanente en los hogares, hasta obligar al gobierno golpista a entregar el poder al presidente electo.
En el mundo pagano el voto se ofrecía a los dioses. En el mundo cristiano la Iglesia bendice el voto como un valor moral que ennoblece al ciudadano.
El voto tiene origen divino, por eso la Iglesia lo respalda y lo bendice. Participar en el voto es también participar en la formación de las leyes y respaldar su aplicación. ¡Basta ya de gobernar contra la Constitución y las leyes! ¡Basta ya de nombrar “de dedo” a los diputados que hacen las leyes para los caudillos políticos! ¡Basta ya de observar con indignación e impotencia el irrespeto y ludibrio con que se maneja el voto ciudadano!
Es hora de tomar la iniciativa y hacer valer el voto y con él los derechos de los ciudadanos libres. Ahora el país tiene un dirigente carismático en quien confiar el futuro personal, que no puede ser otro que el futuro de Nicaragua como nación libre y soberana.
Debemos evitar un retorno a las armas para ganar la libertad; pero si eso quieren los opresores, eso es lo que tendrán y lo pagarán caro. El pueblo votante supera a los aventureros engañadores.
Alguien lo dijo, muchos lo repiten: Siempre hay una primera vez para empezar a ser verdaderamente libres. El autor es periodista
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