“Cada vez que un hombre defiende un ideal, actúa para mejorar la suerte de otros, o lucha contra una injusticia, transmite una onda diminuta de esperanza. Esas ondas se cruzan con otras desde un millón de centros de energía distintos y se atreven a crear una corriente que puede derribar los muros más poderosos de la opresión y la intransigencia”.
Robert Kennedy
Fabio Gadea tiene que estar claro de la responsabilidad que adquirió al atreverse a luchar por la democracia y la libertad en Nicaragua desde hace 40 años; lucha atestiguada por su pueblo y por quienes hemos tenido el privilegio de tratarlo y conocerle.
Su candidatura despertó entusiasmo ante la generosa decisión de Eduardo Montealegre al posponer su postulación y ofrecer la demostrada organización que le acompaña y que llevó a la Alianza PLI a convertirse en una oposición que sacudió visiblemente uno de los soportes del pacto prebendario por todos conocidos.
A pesar del robo indemostrable, pero evidente— del que fue objeto, Fabio Gadea no puede venirnos ahora con el cuento de correrse al ruido de los caites y dejar embarcados a miles de nicaragüenses a los que el Consejo Supremo Electoral (CSE) no pudo robarles el voto (800 mil).
Dejaron 26 diputados y ese número es irrelevante. Pudieron haber sido 28 o 15. Uno más, o uno menos, no haría diferencia, lo que hace que la presencia de Fabio Gadea y su voto nunca vaya a ser necesario, pero sí, su voz para mantener la cohesión en la Alianza PLI como una opción triunfadora. Una opción de unidad.
Fabio Gadea no puede quedarse quejando únicamente en sus Cartas de Amor a Nicaragua si no asume la curul (que no le corresponde), su voz se opacará con rapidez y su eso será cada vez más limitado, olvidando la esperanza que representó y que dejó su huella. Huella retocada por la zanganada ocurrida, pero huella al fin. Imborrable.
Don Fabio no necesita la diputación por inmunidad alguna, porque no tiene nada de que se le acuse y debe asumir (callando a los que le critiquen) donando su salario de diputado a obras sociales, dejando que sus envidiosos detractores se den con la piedra en los dientes.
En conclusión: Fabio Gadea ha dicho que no aceptará la diputación porque no perdió, y le creo, pero si no asume su papel en la Asamblea Nacional no estará siendo consecuente con el mensaje que tengo 40 años de escuchar en Radio Corporación: La culpa no es de los que se equivocan, la culpa es de los ausentes. El autor fue Ministro de Defensa de Nicaragua
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