Hjalmar Ruiz Tückler (*)
Es evidente que el avance tecnológico fomenta el crecimiento de la productividad y la mejora del nivel de vida de las sociedades.
Los gobiernos suelen fomentar mejor el cambio tecnológico cuando crean un marco económico y jurídico sólido, con firmes derechos de propiedad intelectual y permiten gran libertad económica dentro de ese marco.
Los libres mercados de trabajo, de capital, de productos y las ideas han demostrado ser el suelo más fértil para la innovación y el cambio tecnológico.
Dentro del marco de los mercados de telecomunicaciones, los gobiernos pueden fomentar el cambio tecnológico tanto fomentando las nuevas ideas como asegurándose de que las tecnologías se utilizan eficazmente.
La política económica puede centrar la atención tanto en el lado de la oferta como en el de la demanda. El sector de las telecomunicaciones se ha beneficiado de estas acciones en las últimas tres décadas.
Pero antes de ver cómo se pueden ofrecer nuevas tecnologías, los Estados y Gobiernos deben ayudar a conseguir que las empresas y las industrias se encuentren en la frontera tecnológica, que es la tecnología ejemplar en cualquier lugar.
La lección principal en este caso es que “la necesidad es la madre de la invención”. En otras palabras, la existencia de una feroz competencia entre las empresas y las industrias es la disciplina última que garantiza la innovación.
Al igual que los deportistas obtienen mejores resultados cuando tratan de correr más que sus rivales, así las empresas se incentivan a mejorar sus productos y procesos cuando las vencedoras reciben fama y fortuna, mientras que las rezagadas pueden quebrar. Las telecomunicaciones son un claro ejemplo.
La existencia de una feroz competencia se refiere tanto a los competidores interiores como a los extranjeros.
El movimiento de las dos últimas décadas en favor de la liberalización ha llevado la competencia a los sectores del transporte aéreo, la energía y las telecomunicaciones y ha producido espectaculares efectos positivos en la innovación.
En los países pequeños, la competencia procedente de las importaciones es fundamental para adoptar tecnologías avanzadas y garantizar la competencia en el mercado de productos.
Para acelerar el crecimiento económico, se debe aumentar la oferta de tecnologías y asegurarse de que hay suficiente demanda de las tecnologías avanzadas existentes. Los gobiernos pueden fomentar de tres formas la oferta de nuevas tecnologías.
En primer lugar, asegurar que la ciencia básica, la ingeniería y la tecnología reciben suficientes recursos. El Estado fomenta la investigación por medio de un sólido sistema de patentes, de reglamentaciones predecibles y eficaces desde el punto de vista de los costos y de incentivos fiscales, como por ejemplo una deducción fiscal por I+D+I (Investigación + desarrollo + innovación).
En segundo lugar, los gobiernos pueden mejorar las tecnologías fomentando la inversión. Esto es fundamental en el sector de las telecomunicaciones de cara a la convergencia de redes y servicios.
En tercer lugar, los gobiernos pueden fomentar la creación o la utilización de nuevas tecnologías adoptando medidas macroeconómicas sensatas, entre las cuales se encuentran unos impuestos razonables y estables sobre la renta del capital y bajos costos del capital que utilizan las empresas. El primer beneficiado es el consumidor.
(*) Consultor [email protected]
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