Por: Amalia del Cid
Se anunció con bombos y platillos. Una donación de 100 mil toneladas de trigo ruso, lo suficiente para que Nicaragua pase comiendo pan todo un año. El pasado 25 de noviembre vinieron las primeras 25 mil 600 toneladas. Pero ahora muchos panificadores se preguntan: ¿dónde están las ganancias?
“Esto es solo pan y circo. Tiraron cachiflines, vino la harina y nada”, comenta Ermis Morales, representante de un sector panificador, quien adivina que las ganancias de la donación están yendo a parar a las arcas personales de la pareja presidencial.
“En los años ochenta fue igual. Todo el pan que nosotros hicimos era de trigo donado ruso, era trigo suave. Pero, a pesar de que era donado, nunca, nunca nos regalaron una libra. Siempre la tuvimos que comprar ”, recuerda el líder.
Para él, el dinero que resulte de la venta del trigo ruso probablemente sea usado para pagar gastos de campaña o programas como Usura Cero, pero no para ayudar al panadero.
El sector panificador —afirma Morales— sigue pagando unos 850 córdobas por cada quintal de harina; por lo que el pan no aumentará de tamaño ni en calidad, desmintiendo así lo prometido por Orlando Solórzano, quien dirige el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific).
Ver en la versión impresa las páginas: 3 A