El retorno de Campbell

Esa noche la emoción olía a sudor, lágrimas y aceite para el cuerpo. Los aplausos y gritos apuntaban a un único campeón. La bulla de la barra no evitaba que se escuchara el crujido de las tablas de la tarima que soportaba el peso de unos hombres vestidos con apretadas tangas y que exhibían como en enciclopedias vivientes cada músculo de su brillante y pintada anatomía.

Por Róger Almanza G.

Esa noche la emoción olía a sudor, lágrimas y aceite para el cuerpo. Los aplausos y gritos apuntaban a un único campeón. La bulla de la barra no evitaba que se escuchara el crujido de las tablas de la tarima que soportaba el peso de unos hombres vestidos con apretadas tangas y que exhibían como en enciclopedias vivientes cada músculo de su brillante y pintada anatomía.

Jorge Campbell era uno de ellos. Su poder pesaba 100 kilogramos de puro músculo y luchaba para que el jurado de la competencia centroamericana de fisicoculturismo del 2006 le diera el título por el que durante meses invirtió interminables horas de entrenamiento y 65 mil córdobas en productos y suplementos. Lo logró. Campeón absoluto centroamericano de ese año. Fue su última competencia.

Jorge Campbell, quien durante diez años también fue campeón absoluto en Nicaragua en la categoría de 85 a 90 kilos y además representante líder en los campeonatos centroamericanos, cambió la popularidad y los elogios de sus decenas de admiradores y admiradoras por la reconquista de su familia y el encuentro con él mismo, quien se había perdido en un camino donde el dinero fácil empezaba a llegar cada noche.

Buen negocio

Vivir del fisicoculturismo en Nicaragua no es tarea imposible. Los premios no llegan ni a la cuarta parte de lo que cada uno de estos atletas invierte para mantenerse en forma. Esta afirmación es denominador común entre estos deportistas quienes encuentran en actividades alternas como los bailes nudistas y show solo para damas, una opción de “agarrar billete”. ¡Y sí que resulta!

Campbell no fue la excepción. “Me entrenaba duro porque amo este deporte, mi cuerpo responde bien al ejercicio y ya empezaba a lucirme en las competencias”, cuenta Campbell, un moreno de piernas descomunales y bíceps de piedra.

Recuerda muy bien la noche que recibió la propuesta de su primer baile. Sudado y sin nada formal que vestir, Campbell entrenaba en el gimnasio y un amigo llegó. “Iba muy bien vestido y me comentó que tenía un show para mujeres en una discoteca. Me preguntó que si me atrevía. Que por noche me pagarían 50 dólares”, recuerda Campbell. Era el año 2002 y al igual que ahora, 50 dólares resuelven.

De su primer baile recuerda todo. Luces, muchas mujeres, un escenario. “Yo no llevaba nada para ponerme”, era la preocupación de Campbell. Pero, qué más daba si el fin del show era liberarse de la ropa.

Más importante que la ropa era la seguridad que Campbell sentía al estar semidesnudo. Su cuerpo superaba en formas y musculatura a sus nuevos compañeros. Y no hubo duda, “El Negro Campbell”, como lo bautizaron desde esa noche, hizo reventar en histeria colectiva a las mujeres de la desaparecida disco Stratus. Aunque su primera noche bailó gratis, las satisfechas clientas le dejaron casi dos mil córdobas en propinas.

Las noches pasaban y la agenda de Campbell se llenaba de citas. Hasta llegó a recibir 300 dólares por baile. En teoría se trata de solo bailar. “Claro que hay propuestas y cedí muchas veces”. Los bailes de Campbell muchas veces cruzaban la línea fronteriza entre lo artístico y sensual de un stripers y aquel baile fuerte casi “XXX”, pero, qué más da si el negocio de bailar le empezaba a dejar un salario básico de mil dólares mensuales.

“Este ambiente te atrapa. El dinero se gana fácil y estás expuesto a muchas tentaciones que pueden acabarte la vida. Pude haber caído en alcoholismo, drogas, o incluso haberme enfermado hasta de sida”, valora hoy Campbell, quien dejó el baile desde hace cinco años en busca de una vida plena con su familia y Dios.

“Quería la gloria y la sentí por minutos. Hoy la gloria que quiero la encuentro en Dios y dura el resto de mi vida”.
La inspiración

A sus 36 años, este moreno de cabeza rapada, sonrisa amplia y pareja dentadura, agradece a su madre la invitación que una mañana le hizo para ir a un gimnasio. Apenas tenía 15 años.

“No fue de pura casualidad tal invitación. Mi mamá estaba preocupada porque los médicos me habían descubierto un soplo en el corazón y necesitaba mantenerme sano, más que cualquier muchacho a esa edad”, dice Campbell.

Aunque nació en Managua, su familia es originaria de Bluefields, y cuando puso un primer pie en el gimnasio, muchos apostaron a que sería una estrella del fisicoculturimo. No se equivocaron.

Su mamá, Margarita Campbell, no se trataba de una novata en este deporte. Entrenaba desde hace varios años en el gimnasio Atlas, y a pesar de sus 130 libras de peso, ganó competencias levantando 400 libras en sentadilla. Para Campbell su madre era su inspiración.

La primera competencia del “Negro Campbell” fue en 1997 y ganó en los 78 kilogramos. Desde ese entonces supo que en las pesas estaba su pasión, y quiso formar un cuerpo como ningún otro. Un camino que lo llevó a escándalos que lo comprometieron con el uso de esteroides y pusieron en riesgo sus títulos. “Solo fueron rumores y nada más”, dice categóricamente Campbell.

Hoy las competencias las ha dejado a un lado, su pasión es otra. “Hoy mi familia está en primer lugar. Este deporte me separaba mucho de mi familia, y es que para ser el mejor hay que entrenar más que cualquier otro y dedicarle tiempo por sobre todas la cosas. Ahora me dedico a mi familia, no tengo nada más importante”, destaca Campbell.

Con su esposa, Rosa Saravia, medalla de oro en Body Fitness 2006, tiene siete años de estar casado pero 14 de conocerla. Han procreado dos hijos y uno que viene en camino. “Un padre debe dar el ejemplo”, dice con toda la seguridad este excampeón de las pesas y rey de las noches solo para damas.

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“Dejé que el celular sonara”

“Ya no me sentía cómodo. Esa noche dejé que el celular sonara y no regresé más a la discoteca ni hice bailes privados… era algo que venía pensando desde hace mucho y mi esposa que también es cristiana me lo venía pidiendo. También tuve la suerte de que el celular se me perdió y preferí no recuperar el número”, cuenta Campbell, quien hoy se ha convertido al cristianismo, un espacio de fe donde asegura haber encontrado el camino de la gloria que en verdad quiere.

Su celular suena y ahora lo contesta con toda confianza. Son sus alumnos que lo han contratado como entrenador personal, un negocio en el que le va muy bien. Además tuvo la oportunidad de entrenarse en spinning en Estados Unidos y actualmente imparte estas clases todas las mañanas en un gimnasio de la capital.

Gimnasio Campbell, es el negocio de sus sueños. Aunque hoy es un espacio pequeño donde un buen grupo de jóvenes llega a entrenar a la par del campeón, Campbell se ha propuesto lograrlo a lo grande y está seguro que lo hará.

Hoy en las paredes de su gimnasio hay repisas donde adornan los 65 trofeos y medallas que Campbell conquistó en su vida “mundana”, acompañados de fotografías y recortes de periódicos que cuelgan de las paredes y que no le permitirán olvidar la gloria que vivió cuando Dios y su familia no ocupaban el primer lugar en su vida. La tentación de ser nuevamente el mejor y de disponer de una noche para bailar y ganar buena plata es una batalla que cree haber ganado.

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