El amor más grande es dar la vida por los amigos

Recientemente viví un episodio de quebranto de salud muy duro, pero no fue la afectación física lo que me hizo más daño, sino el experimentar la soledad, sin familia y sin amigos, lo que me llevó a redimensionar mi visión de la amistad, y ajustarla a la realidad, no sobre las expectativas del mundo falso y artificial que te vende la cotidianidad, divorciado del verdadero sentido axiológico, lo cual no quiere decir que cambiará, pero que podría ser mejor si nosotros lo intentamos modificar desde nuestras vidas.

Por: Gustavo Soto García

Recientemente viví un episodio de quebranto de salud muy duro, pero no fue la afectación física lo que me hizo más daño, sino el experimentar la soledad,  sin familia y sin amigos, lo que me llevó a redimensionar mi visión de la amistad, y ajustarla a la realidad, no sobre las expectativas del mundo falso y artificial que te vende la cotidianidad, divorciado del verdadero sentido axiológico, lo cual no quiere decir que cambiará, pero que podría ser mejor si nosotros lo intentamos modificar desde nuestras vidas.

La palabra amistad proviene del latín (“amicus”), derivado de amore (“amar”). Otros afirman que amigo es un vocablo griego compuesto por a (“sin”) y ego (“yo”), por lo que amigo significaría “sin mi yo”.

En todo caso, la amistad es una relación afectiva entre dos o más personas, y uno de los vínculos interpersonales más comunes, que la mayoría de los seres humanos tienen a lo largo de su vida.

Don Enrique Dreyfus, un amigo especial, me envió un correo y creí oportuno sintéticamente reproducirlo, casualmente sobre este concepto que creo depende que sea real, del nivel de sinceridad que se expresa, no en la pronunciación sino en la demostración y dice:

 “Hay amigos eternos, de piel y otros de hierro, amigos que se aprenden, otros se eligen y se adoptan, hay del alma, de la sangre, de vidas pasadas, de toda la vida, algunos que son más que amigos y para toda la vida”.

Pero solo hay dos circunstancias donde se conoce a los verdaderos amigos: en la prisión y en una cama enfermo, pero luego que me dieron de alta, encontré algunos “amigos” y lo primero que escuché de ellos fue un diagnóstico facial, sin caridad o disimulo y a quemarropa, muy alentadores por cierto: “estas pálido”, “me di cuenta que estabas en el hospital, hasta ayer me dijeron”, o “te ves muy mal”.

Otro fue campeón, en un Palí me gritó: “Supe que tenés cáncer, no te preocupés, eso se cura”. A ese “amigo” no quiero tenerlo en mi lista. Concluyendo: en la vida tenemos conocidos pero no necesariamente amigos, amigos sinceros solo Dios Nuestro Señor, y María Santísima para nosotros los católicos, y unos cuantos terrenales.Pero el amigo más fiel que encontré en esta crisis, se llama sentimiento, en los amigos médicos del Hospital que me atendieron, con mucha diligencia profesional, a quienes les agradezco, así como los amigos pacientes que dejé en sus camas, o que se fueron a casa, o murieron sin saberlo.  A propósito de Navidad y Año Nuevo si vas a cambiar tu ropa, el televisor, o una bicicleta por un carro dada la crisis, examina si cambiarás tus “amigos” si no te convienen, y busca uno, uno a quien puedas darle todo lo mejor de ti, pero no le traiciones, no le olvides, no le prestes dinero con interés, no le quites su casa por una deuda, no lo estafes, y si te pide tu sangre, solo por alguna excepción de fuerza mayor no lo hagas, y si no lo encuentras no te preocupes, Dios solo a un personaje le dijo amigo: a Abraham, a los otros les llamó por su nombre o impersonalmente siervo, y si te sientes solo recuerda: “Te abandonarán tus amigos, tus padres, tus hermanos, tus hijos, pero yo nunca te abandonaré” S.27:10.

El autor es Sociólogo y administración  de empresas

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