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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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La sangre de los inocentes

Desde el siglo IV de la era cristiana, la Iglesia católica celebra el 28 de diciembre de cada año como el día de los santos inocentes. Se trata de la conmemoración de un trágico acontecimiento mencionado en el evangelio de San Mateo, como es la matanza en Belén de los niños menores de dos años, ordenada por el rey Herodes, quien trataba en vano de liquidar a Jesús que recién había nacido y según las antiguas profecías era el redentor del pueblo de Dios.

Con el tiempo esta celebración dejó de ser luctuosa y se convirtió en una festividad alegre, para festejar a los monaguillos y los niños de los coros religiosos en las iglesias. Posteriormente adquirió también un sentido folclórico, dando origen a las bromas o inocentadas que se suele jugar en esta fecha. Sin embargo, el sentido festivo y folclórico que tiene ahora la celebración del día de los inocentes, no es impedimento para vincularla por su origen a los mártires cristianos de la actualidad, pues, aunque parezca mentira, en pleno siglo XXI, cuando la doctrina sobre los derechos humanos se ha universalizado y transformado en leyes por todas partes del mundo, muchas personas todavía ofrendan la vida por su fe y su derecho a practicar la religión cristiana.

Hace apenas tres días, el 25 de diciembre, más de 40 cristianos fueron asesinados en Nigeria mediante bombas terroristas que fanáticos islamistas hicieron explotar en varios templos católicos, durante la misa de Navidad. Esas personas inocentes fueron asesinadas solo por ser católicos, según proclamó la organización terrorista que se adjudicó la autoría del atentado y amenazó con seguir matando indiscriminadamente a los cristianos de Nigeria.

Ante semejante acto de barbarie, consecuencia del fanatismo y la intolerancia criminal, el Vaticano y las iglesias y organizaciones católicas de todo el mundo reaccionaron con dolor e indignación. También las Naciones Unidas, por medio de su secretario general Ban Ki Moon y el Consejo de Seguridad, condenaron enérgicamente el bárbaro atentado. Pero igual sucedió la Navidad del año pasado, cuando varios templos cristianos coptos de Egipto sufrieron atentados y decenas de fieles que participaban en las celebraciones religiosas navideñas fueron asesinados. Y la barbarie continúa. El año pasado, más de 200 millones de cristianos eran perseguidos en el mundo y otros 150 millones sufrían discriminaciones por sus convicciones religiosas, según la organización católica internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada. Esas cifras aumentaron este año, sin duda, porque no se han tomado medidas efectivas para proteger a los cristianos perseguidos en diversos países del mundo, islámicos, animistas y comunistas, y aún en el Occidente, donde se siguen atizando los prejuicios anticatólicos y las campañas de odio e intolerancia contra la Iglesia.

Mientras tanto, la sangre derramada de los nuevos inocentes y mártires cristianos clama al cielo por la justicia, la paz, la tolerancia y el respeto al derecho de cada quien a profesar la religión de su preferencia.

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