El legado del poeta

Michín Como el bote  tenía un agujero sentaron al niño Michín sobre el agujero y fueron viajando. Allí está si que, en llegando, el niño salta al fango de la orilla y todos le ven cola de sapo. Y Michín ya se queda allí, desaparece, y va de buscarle y nada.    —¿Y qué? dije yo.    […]


Michín

Como el bote  tenía un agujero sentaron al niño Michín sobre el agujero y fueron viajando. Allí está si que, en llegando, el niño salta al fango de la orilla y todos le ven cola de sapo. Y Michín ya se queda allí, desaparece, y va de buscarle y nada.   

—¿Y qué? dije yo.   

—Pues nada. Es peje ya Michín.

Camino-Solo

En Camino-Solo  es donde los muchachos esperaron a la Mocuana. Ya se las debía. Cuando pasaba en la nochecita le cayeron encima. Le metieron un saco en la cabeza y le dieron machetazos.  

—“¡Aquí se acabe esta bruja pendeja!” Y la dieron por muerta.   

Apenas salió la Luna se levantó la Mocuana y se ve cubierta de heridas. —“¡Ah! ¡cómo estoy de heridas! ¡voy a quitármelas” Y se despoja de ellas y las echa al camino.   

—¿Ahora quién pasa por Camino-Solo?  

—¡Nadie! Está intransitable.

El abuelo

El abuelo compra palomas.  Desdentado quiere carne suavita y cuece y cuece. En lo que se aparta del fogón salen las palomas y vuelan fuera. Se van.   

—Mala suerte, abuelo— le dice al perro. Te anda la mala porque nunca se vieron las palomas que se vayan de la olla en vuelo.   

—De malas es que un perro hable— dijo el viejo y cogió el machete y ¡chás! le dio en la cabecita.    Dijo entonces la olla con vocerrón:  

—De malas amaneció el güegüe: se le vuelan las palomas y le habla el perro.   

—De malas, pero que me vocee la olla —dijo bravo el abuelo, y con el palo le dio en lo redondo y cayó toda el agua en el fuego y apagó hasta las brasas.   

—Ahora si que amaneció de malas —gorgogeó la tinaja. Ni fogón, ni olla, ni palomas, ni perro.   

—¡Ah! ¡También la disimulada me empeora! —gritó el abuelo y con el mismo palo quebró la tinaja.   

Ya al caer la tarde el abuelo se rajaba de hambre y de sed y miraba sospechoso aquí y allá. Pero ¡ni moscas!  

—Ahora si creo que amanecí de malas —dijo. Y se echó en el tapesco.   

—¡Con que lo cree!— dijo el tapesco.   

Y se partió en dos y abajo se vino el viejito y allí quedó quebrado diciendo: 

—¡Así hay días!

El rey Pijul

La reina de las Pavas se casó con el rey Pijul que era verde y terrestre. Pero la una tenía su casa en el cielo y el otro en la cueva de los Comejenes. Dijo la reina Pava:

— Que se ponga el rey este vestido de plumas que le regala la reina. 

Y el rey se vistió el vestido de plumas.   

—Ahora que vuele   

—Tengo miedo— dijo el rey Pijul.   

Entonces llamó a los cuñados y subieron al rey Pijul al cerro, lo pusieron en el pretil y lo aventaron. La reina Pava volaba detrás por si las moscas. Y se abre el Pijul y comienza a dar vueltotas y vuelteretas de aire a aire y le va gustando la cosa. Y bate los brazos y más arriba y más arriba. Y la reina le grita:

—“¡No tanto, Pijul, que te quemás!”

— Y él ni oía.

Entonces los cuñados fueron a traer la escalera y suben y suben hasta que dan con el rey Pijul todo tiznado.   

Lo bajaron sin miramientos, pero la reina Pava cuando lo vio le hizo mala cara. Daba lástima el rey Pijul. Y así se quedó, negrito como hijo del Zopilote, y medio tonteco, que ni sabe qué hacer con las alas.

República de poetas

Mi bandera pretende,   

como el cielo,   

unir el azul y el blanco.   

Equivocados los próceres   

quisieron juntar abajo   

lo que solamente arriba   

se hermana y no siempre.   

Pero algo logras, paisano,   

izando el cielo en tu mástil,   

¡somos un millón de hombres 

con la cabeza a pájaros!

Niña cortada de un árbol

(Malacos)   

Las aves nicaragüenses se forman de los árboles:   

de frutas enternecidas por la lluvia   

de hojas suavizadas por el viento   

de susurros que la savia amansa   

y pule en trinos.   

Mi patria es entendida en vegetales   

que cantan; en primaveras   

que he besado; en frutales   

que tú eres cuando me dices   

desde el árbol –¡adiós!– con mariposas.

La noche es una mujer desconocida

Preguntó la muchacha al forastero:   

—¿Por qué no pasas? En mi hogar   

está encendido el fuego.   

Contestó el peregrino: —Soy poeta,   

solo deseo conocer la noche.   

Ella, entonces, echó cenizas sobre el fuego   

y aproximó en la sombra su voz al (forastero:)   

— ¡Tócame! —dijo—. ¡Conocerás la noche!