Si fuese Nicaragua el que, ejerciendo su pleno derecho de su soberanía tanto sobre el río San Juan como de su territorio, estuviera construyendo esa carretera paralela en la rivera del río del lado nicaragüense, con la misma longitud, dimensiones y trazo, provocando con dicha obra todo el daño al ecosistema de la reserva biológica del río San Juan, el cual fue declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, con un impacto ambiental de proporciones catastróficas e impredecibles, Costa Rica hubiese pegado el grito al cielo y nos habría demandado en La Haya, la OEA, la ONU y cuanta corte y organismo internacional existiese. Como escribiera Pablo Antonio Cuadra (q.e.p.d.) en 1973, en su escrito a máquina titulado Costa Rica siempre ha insistido, Nicaragua siempre ha cedido: “Costa Rica fue y sigue siendo implacable en este pequeño imperialismo de sus demandas limítrofes”.
Costa Rica tiene su derecho soberano de construir la carretera en su territorio, pero no es necesario ser un experto en la materia ambientalista para darse cuenta que el daño causado al ecosistema es de grandes dimensiones. Llama mucho la atención el cambio de postura por parte del Gobierno tico, que siempre ha tenido la pretensión de apropiarse del río. La presidenta Chinchilla expresó a la prensa, dando una muestra de desprecio y arrogancia, “que la demanda interpuesta por Nicaragua, no le provoca mucha preocupación” y el vice canciller Carlos Roverssi sustenta la construcción de la carretera bajo el argumento de que “el río San Juan es de Nicaragua, estamos haciendo la carretera para no depender del río y que no nos usen como conejillos de indias”; y agregó que la denuncia del Gobierno de Nicaragua tiene como pretexto que “quieren confundir para ocultar la invasión de soldados nicaragüenses a nuestro territorio y que es un guerra política y sicológica del gobierno de Ortega”.
Hablar de intención guerrerista de Nicaragua en contra de la “indefensa y pacífica Costa Rica”, en el caso de la presunta “invasión” del ejército nicaragüense y asegurar que Nicaragua busca emprender una “guerra contra Costa Rica”, es un chiste que da risa. En este presunto escenario guerrerista y bélico, sería ni más ni menos como tocar a Dios con las manos sucias y Costa Rica volvería a pegar el grito al cielo y se vendría encima de Nicaragua la comunidad internacional, encabezada por los infantes de marina de Estados Unidos, a defender a la “indefensa Suiza de Centroamérica”.
Lo que se evidencia por parte del gobierno de Costa Rica, en el caso de la construcción de la polémica carretera paralela al río San Juan, es causar el mayor daño posible. Lo cual me trae a la memoria el argumento esgrimido por el filibustero norteamericano William Walker, al quemar la ciudad de Granada: “conforme a las leyes de la guerra, la ciudad había perdido el derecho de existir”.
Como bien lo expresó Eduardo Enríquez en su escrito titulado El San Juan saca a luz el “machismo” tico, el machista iracundo argumenta: ‘si no sos mía, no sos de nadie’” y tal parece que Costa Rica ha emitido la sentencia que el río San Juan ha perdido el derecho de existir.
Sigue siendo valedero y actual el anhelo de PAC, ante la actitud arrogante, prepotente y abusiva de Costa Rica, quien amparada en su marca país de ser la Suiza de Centroamérica y mercadea su promocionada defensoría ambientalista. Esperamos que esta vez —en este momento tal vez decisivo para la historia nicaragüense— nos despojemos del candor con que siempre hemos actuado y perdido en nuestros problemas de fronteras y de derechos limítrofes.
El autor es comentarista político.