Se fue la amiga

“Soy tan amiga de la gente de Nicaragua, sobre todo de los creadores, me une la hermandad que siento hacia todos ellos, en especial con las poetisas y con José Coronel Urtecho, un gran poeta que me guió mucho, recuerdo que tuve que confesarle a su esposa María Kautz, que era muy celosa, que estaba enamorada de él. María, que era increíble, me dijo que no me preocupara, porque los dos estaban enamorados de mí”, así miraba Carmen Naranjo a sus pares nicaragüenses.

 

Por Marta Leonor González

“Soy tan amiga de la gente de Nicaragua, sobre todo de los creadores, me une la hermandad que siento hacia todos ellos, en especial con las poetisas y con José Coronel Urtecho, un gran poeta que me guió mucho, recuerdo que tuve que confesarle a su esposa María Kautz, que era muy celosa, que estaba enamorada de él. María, que era increíble, me dijo que no me preocupara, porque los dos estaban enamorados de mí”, así miraba Carmen Naranjo a sus pares nicaragüenses.

Hoy sus colegas lamentan su muerte. Ayer a las 6:45 a.m., el cáncer la venció a sus 84 años. Mientras se iba de este mundo, la acompañaba su enfermera y algunos allegados en su casa de la calle Vargas, Alajuela, en Costa Rica.

De su relación con José Coronel Urtecho y su cercanía con los escritores nicaragüenses, la poeta Luz Marina Acosta, lamenta su partida, “es una gran perdida”, también la recuerda como esa amiga que cuando Coronel Urtecho estaba en cama atacado por el cáncer, ella lo visitaba allá en el río, en su hacienda, para animarlo. “Era una gran bromista, una vez llegó con una máscara de nariz y anteojos y se la puso, los dos rieron, fue una broma de ella. En ese momento ya el cáncer le había afectado la cara al poeta”, dice la escritora.

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Nació en la ciudad de Cartago, el 30 de enero de 1928. Obtuvo el título de licenciada en Filología. Realizó estudios de postgrado en las universidades Autónoma de México y de Iowa, Estados Unidos.
En su quehacer en la función pública se desempeñó como embajadora de Costa Rica en Israel, laboró en las Naciones Unidas en El Salvador, República Dominicana, México y Estados Unidos .

Novela. Los perros no ladraron (1966), Memorias de un hombre palabra (1968), Camino al mediodía (1968), Responso por el niño Juan Manuel (1968), Diario de una multitud (1974), Sobrepunto (1985), El caso 117.720 ( 1987), Más allá del Parismina (2000).
Cuento. Cultura (1973), Hoy es un largo día (1974), Ondina ( 1983), Nunca hubo alguna vez (1984), En Partes (1994).
Poesía. América (1961), Canción de ternura (1962), Hacia tu isla (1966), Misa a oscuras (1967), En el círculo de los pronombres (1972), Idioma del invierno (1971), Los girasoles perdidos (1968) y Homenaje a Don Nadie.

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De esa cercanía, Acosta rememora la amistad de Carlos Martínez Rivas y Sergio Ramírez. Tan cercanos que la misma escritora costarricense dijera en una entrevista a La Prensa Literaria, el 2 de diciembre del 2000, que Coronel Urtecho era un poeta extraordinario en todo el sentido de la palabra, muy cercano como otros escritores: Ernesto Cardenal, Carlos Martínez Rivas, “que murió y que lo seguiremos llorando eternamente. Están las poetas, que las quiero como hermanas, Vidaluz Meneses, Michelle Najlis y Daysi Zamora”.

Al igual que Acosta, Carlos Tünnermann deplora la muerte de la escritora, que estuvo vinculada a los escritores Edelberto Torres y Lizandro Chávez Alfaro.

Tünnermann, la recuerda como una emprendedora, que destacó entre todas las mujeres de su época, una persona muy querida y admirada por su temple como escritora y directora de la editorial universitaria centroamericana de Costa Rica. Su muerte deja un vacío y es una gran pérdida no solamente para Costa Rica, sino para las letras.

La poeta Gloria Gabuardi, directora ejecutiva del Festival Internacional de Poesía de Granada, dice dolerse por el fallecimiento de Naranjo, y manifestó haberla invitado varias veces al evento, pero que por su estado de enfermedad no pudo viajar a Nicaragua.

Naranjo fue una profeta en su tierra, mereció los premios literarios de Costa Rica, el Premio Nacional Magón (1986) y Aquileo J. Echeverría de novela en dos ocasiones (1966 y 1971), así como el Doctorado Honoris Causa que le confirió la Universidad de Costa Rica.

Su talento también es valorado en el extranjero por la calidad de cómo aborda los temas urbanos en la narrativa y la poesía.

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