La última “vuelta”

El sonido seco de un disparo de bala sacudió los oídos de las pocas personas que se encontraban en la gasolinera Esso de la rotonda El Periodista. Eran las 10:20 de la noche del pasado viernes 24 de febrero. A esa hora ya había ocurrido algo que presagiaba el peligro en el lugar.

Por Eduardo Cruz

El sonido seco de un disparo de bala sacudió los oídos de las pocas personas que se encontraban en la gasolinera Esso de la rotonda El Periodista. Eran las 10:20 de la noche del pasado viernes 24 de febrero. A esa hora ya había ocurrido algo que presagiaba el peligro en el lugar. Tres muchachas se encontraban en el parqueo de la gasolinera alrededor de un vehículo pequeño, mientras un acompañante de ellas compraba en el On the Run, pero cuando vieron que tres jóvenes se les acercaban comenzaron a llamar casi a gritos para que se apresurara el acompañante, quien ya estaba saliendo del establecimiento comercial, como diciendo: “No andamos solas”. Los tres sospechosos continuaron su peregrinación hacia el Este.

Tres días antes, el 21 de febrero, Freddy Sánchez había escrito en su perfil de Facebook: “El viernes juega la Azul y Blanco en el Estadio Nacional. Llenemos ese pequeño estadio con 15,000 almas”. Su amigo, Lesmeth Gutiérrez, hizo un comentario en la frase de Freddy: “Oe, me avisas Freddy si de verdad vas a ir, para que vayamos a dar una vuelta”. Los dos amigos no sospecharon que en esa “vuelta” uno de ellos se iba a encontrar con la muerte.

Cuando se escuchó el disparo en la gasolinera, se vio salir a Lesmeth de la parte Oeste del negocio, con uno de los brazos llenos de sangre, mientras Freddy estaba caído al final de una cuneta, debajo del rótulo que dice On the Run. En pocos segundos un gran charco de sangre rodeaba la cabeza del joven y en sus pies estaban caídas una bolsa de “tortillitas” abierta y una botella plástica cerrada y casi llena de bebida rehidratante. Freddy estaba vivo, su cuerpo se movía levemente como cuando alguien está convulsionando y luego algo le salía de la boca. La gente decía cosas contradictorias. “No lo toquen, hay que llamar a una ambulancia”, decían unos. “Llevémoslo a un hospital”, decían otros.

Lesmeth trataba de explicar lo ocurrido. “Nosotros no nos opusimos, yo les di mi celular Blackberry. Nos quedamos tranquilos”, decía el joven afectado por los nervios. Alguien de entre la multitud dijo que a uno de los dos ladrones se le había disparado el arma cuando la cargaba. Un vigilante de un negocio cercano a la gasolinera vio a los dos delincuentes cuando huían. Iban casi caminando y se internaron en el barrio René Cisneros. En ese momento a Lesmeth solo le interesaba la vida de su amigo.

Un policía que de casualidad pasaba por el lugar, en una moto, se detuvo a ver el caso. “Estoy saliendo de turno”, decía. La gente le pedía que hiciera algo. “Ok, vamos a llevarlo a un hospital. ¿Quién presta su vehículo?”, preguntó. Ante el silencio de todos, increpó: “Ajá, se fijan que nadie está dispuesto”. Finalmente, un hombre que conducía una camioneta negra se ofreció y entre varios subieron a Freddy a la tina de la camioneta.

“Súbanlo boca abajo para que no se ahogue”, repetía la gente, pero el de la camioneta arrancó sin dar tiempo y ni siquiera Lesmeth logró subir al vehículo sino solamente alguien de la muchedumbre. Un minuto después llegó una ambulancia. “Sigan a una camioneta negra”, le indicaron a los socorristas.

Ese día, Emilio Delgado y Ricardo Pastrán parece que andaban sedientos de dinero. Poco después de que Freddy Sánchez fuera llevado en la camioneta negra al hospital Lenín Fonseca, la Policía se llevó a Lesmeth Gutiérrez para que presentara la denuncia formal, pero en el camino, cerca de los semáforos de la Julio Martínez, se toparon con una trifulca en la que varios pobladores estaban golpeando a dos personas por ser supuestamente ladrones. Lesmeth los identificó rápidamente, informó la Policía. Emilio y Ricardo eran las mismas personas que lo asaltaron y que uno de ellos disparó contra Freddy.

Aproximadamente a las 2:00 de la tarde del sábado 25 de febrero murió Freddy. La bala le destrozó la masa encefálica, dijeron los médicos. En la última “vuelta” de su vida descubrió que la frase “Nicaragua es el país más seguro de Centroamérica” es solamente una frase.

Los dos jóvenes acusados por el asalto a Lesmeth Gutiérrez y Freddy Sánchez y el homicidio de este último. A la derecha su abogado defensor. Según informaciones periodísticas, Emilio Delgado, en el centro, habría sido el autor del disparo que segó la vida de Sánchez.  LA PRENSA/ A. FLORES