Otros motivos para confiscar

El partido de gobierno está implementando la misma modalidad de los años ochenta para despojar de sus tierras o propiedades a las personas que con mucho esfuerzo han logrado poseerlas, incluso por más de cuarenta años, como es el caso de don Reynaldo José Pérez, un anciano de 84 años, cuya única ilusión es dejar su patrimonio a su descendencia.

El partido de gobierno está implementando la misma modalidad de los años ochenta para despojar de sus tierras o propiedades a las personas que con mucho esfuerzo han logrado poseerlas, incluso por más de cuarenta años, como es el caso de don Reynaldo José Pérez, un anciano de 84 años, cuya única ilusión es dejar su patrimonio a su descendencia.

Hay una cosa que llama la atención en esta “segunda fase de la revolución”, y es que ahora no importa si la persona afectada es militante o simpatizante del partido, lo que importa es la ubicación y el valor de la propiedad. Por otra parte, con estas confiscaciones no se busca beneficiar al proletario para que forme cooperativas y luego se convertirán en peones del Estado, lo que se busca ahora es favorecer a serviles que obedecen ciegamente al líder o venderlas a potenciales inversionistas, e incorporar la plata recaudada a la financiera familiar para así poder conseguir al “pueblo presidente” subsidios que son pagados con altos réditos a la misma.

Y como en esta nueva “etapa de la revolución” deben “colaborar” todos los ministerios o entes públicos, ahora se hace uso de la Policía y del Ejército para proteger a los invasores de la posible defensa de sus víctimas, la Procuraduría coordina estas acciones, el mismo Ejército se presta al juego de actuar como testaferro, y no puede rechazarse la ayuda de la empresa privada para evitar que una vez llevada a cabo la confiscación sus verdaderos dueños intenten recuperarla, y entonces las empresas de vigilancia, que por puro azar del destino son propiedad de los hijos de la pareja real, instalan sus guardianes y ordenan disparar a cualquier sospechoso de querer ingresar a la nueva adquisición de su papá. Una vez agotados todos los alegatos y demostrado al eficiente procurador, con documentación en mano, que la propiedad le pertenece al afectado, este realizará lo que él cree indica el nombre de su puesto: procurará que las pruebas del demandante sean desechadas y que las tierras sean de una vez por todas inscritas a nombre del Estado, y como usted sabe quién es el Estado en esta pobre patria, ya sabe quién será el beneficiario final.

Si todavía el afectado es un poco utópico, acudirá a la Corte Suprema de Justicia y buscará le ayuden a resolver su caso. Pero resulta que antes de que este piense ir a ese poder “independiente” del Estado, ya sus dóciles magistrados han recibido orientaciones de cómo deben fallar, y tenga la plena seguridad de que no será a favor del pobre hombre que ha dejado su vida trabajando para tener lo que le confiscaron.

Esa es la realidad. Quien nunca ha trabajado para obtener lo que tiene, no tiene consideración de los demás, premia a sus serviles a costillas de otros y, peor aún, hace negocios con el patrimonio de la gente honrada. Linda reconciliación y unidad nacional. Juzgue usted.  

El autor es ecólogo

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