Wilder Pérez R.
Si pensaba que la lluvia iba a espantar el calor, probablemente tendrá que esperar algunas semanas más. Antes, el bochorno invadirá el ambiente, sudar será más fácil y el Sol continuará inclemente a pesar de las nubes.
Esto pasa porque el Sol todavía está enviando sus rayos en línea recta hacia Nicaragua, los vientos casi se anulan, y porque la entrada de la temporada lluviosa trae humedad y nubosidad. Calor más humedad se traduce en vapor, igual al bochorno.
Según Marcio Baca, director de Meteorología del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales, existen dos tipos de temperaturas: la temperatura ambiente y la de confort. La primera es la que marca el termómetro. La segunda es el resultado de los grados Celsius, la humedad y la velocidad del viento.
En abril, por ejemplo, prácticamente todas las ciudades de Nicaragua alcanzaron los 30 grados Celsius y uno se sentía mejor si estaba bajo sombra. En estos días, en que la humedad aumenta gracias a las nubes y lluvias esporádicas, el calor pasa de irritante a sofocante.
Martha Castillo, meteoróloga del Ineter, confirmó que las temperaturas en Managua alcanzaron los 37 grados Celsius, y que en las zonas del Pacífico y Centro merodearon los 35 grados, pero “la percepción de nuestro cuerpo es como si hay más calor de lo real”.
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