Todo puede sucederle a uno.
No es cierto que nadie puede abrir una caja fuerte.
No es cierto que la vida se garantiza con un
seguro de vida.
Hay más.
Nuestra infinitesimal inseguridadal igual que la de los presidentes
está en continuo acecho.
Como la hierba del campo sin tanto
verdor
vamos pasando o quedándonos
mientras todo nos pasa.
Al fin hallamos que antes de llegar a nosotros
nuestra presencia en Adán era un recuerdo
después de lo otro.
Es nuestra disposición;
morirantes de nacer a la verdad.
Al final, decimos
ah dilá, allá será.
Esto es presencia.
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