Por Mabel Calero
En el barrio San Rafael, de Jinotepe, unas pocas casas rodean la nueva estructura del mercado municipal Jorge Matus Téllez. A la orilla de ese centro se puede observar varios módulos nuevos, que los dueños han puesto a la venta.
“Los dueños construyeron porque pensaron que era un excelente negocio (por la cercanía al mercado), pero han pasado tanto años que se comienza a dudar si esto va a funcionar”, dijo Francisco Traña, habitante del barrio San Rafael.
Después de cinco años, el mercado nuevo continúa construyéndose, mientras tanto los pobladores que han quedado atrapados por el actual centro de compras —que se ha tragado la ciudad de Jinotepe— demandan que los comerciantes sean llevados de una vez por todas al Jorge Matus Téllez.
Hoy en día, el mercado se ha convertido en una sucesión de tramos desordenados que, además de bloquear la entrada de algunas viviendas, se ha extendido por la acera de la parroquia Santiago, el Ministerio de Educación y el Instituto Manuel Hernández.
[/doap_box]
El alcalde sandinista Oscar Tardencilla dijo que el traslado no se puede hacer porque necesitan 13 millones de córdobas para construir los tramos de ropa y calzado.
SE ESTÁ DETERIORANDO
El mercado nuevo cumple con todas las condiciones básicas, como ventilación, iluminación, códigos sanitarios y eléctricos, afirmó el arquitecto Alejandro del Carmen, especialista en urbanismo.
“De tanto tiempo que ha pasado, el mercado sin uso ya se está deteriorando, nosotros fuimos a tomar fotos de los baños, que están cogiendo un color amarillento, consideramos que hay varias opciones para darle respuesta a los comerciantes de ropa y calzado, solo hace falta disposición”, afirmó del Carmen.
La construcción del mercado estaba dividida en cuatro etapas, de las cuales solo tres concluyeron y una quedó a medias, al inicio se tenía contemplada la construcción de 560 módulos, pero con el crecimiento aún faltan más de 300 módulos para la sección de ropa y calzado.
“Yo no tengo vista hacia la calle, lo que tengo de frente es el zinc sarroso de los tramos, ya cuando la gente se está yendo, la basura con el agua se revuelve y es un tufo que pasamos con la puerta cerrada. Hace años se murió mi mamá, luego mi padrastro y encerrados los velamos, nosotros no tenemos vida social porque a nadie le gusta visitarnos”, sostuvo doña Martha Gómez.

Ver en la versión impresa las páginas: 8 A

